sábado, 2 de febrero de 2013

Feliz Vida.

He estado en la unidad de cuidados intensivos de un hospital acompañando a un familiar muy cercano a mi. Es la primera vez que he estado en la UCI y no quiero estar más allí, al menos no como familiar que espera. Porque es horroroso. Ya no solo porque sufres por quien tienes allí, sino por la cantidad de gente que lo pasa mal. 

Gente que con las horas, los días que pasan allí te cuentan sus situaciones, el por qué han coincidido conmigo en su sitio como aquel. Esa sala es un lugar donde las horas pasan pero muy lentamente, donde cada vez que se abre la puerta das un pequeño saltito y cuando sale el médico con cara de dar malas noticias suspiras si no dice tu nombre. Esa sala debería ser visitada cuando nos preocupamos por memeces de la vida cotidiana.

Las horas de visita, bueno, los minutos de visita no llegan y cuando lo hacen se pasan en un tris. Y te preguntas ¿Qué hago? ¿Entro? ¿Estoy preparada para ver algo así? Y entras, lloras y llegas a la conclusión que mejor no haber entrado. Y en ese momento piensas en la suerte que tienes de estar sana. Con problemas que tienen fácil solución, pero la salud, como te falle la salud todo va cayendo como una montaña de espuma cuando pierde fuerza. 

Es curiosa la unión que se forma entre las personas que lo pasan mal. El consuelo que nos damos los unos a los otros. Los buenos deseos de recuperación. El sentimiento que nos provoca cuando, tras la visita, muchos salen con caras de decepción porque la mejoría no se ve aunque el médico te dice que evoluciona. 

Todo el mundo debería ver aquello para aprender a valorar lo que tenemos. Para cuidar a nuestros seres queridos, pasar con ellos el mayor tiempo posible.

Afortunadamente todo salió bien. De la UCI, mi familiar pasó a planta y ya está en casa. Y a mi me ha servido de mucho compartir con aquellas personas que tal vez sigan allí esas horas interminables, porque me han hecho recordar la suerte que tengo, no solo por haberlos conocido, sino porque estoy al 100% para enfrentarme a lo que sea. 

Feliz Vida. 


miércoles, 23 de enero de 2013

De frente

Hay más gente de la cuenta que no va de frente. Hay gente que aprovecha el anonimato para insultar y descargar toda la mala uva que lleva dentro. Sí, hay mucho de eso todavía. Y es triste. Muy triste. 

Llevo tiempo leyendo blogs. Los leo tanto de egobloggers como literarios. Al principio veía muchos de ellos, con el tiempo me he quedado con los que considero que me aportan algo. Pocas veces comento en un blog. Si lo hago es porque tengo algo que decir. 

Hace unos días una chica cerraba su famosísimo blog, necesita descansar y ha decidido parar. Lleva tres años aguantando insultos detrás del conocido anónimo. No lo cierra por este motivo, ella está por encima de la falta de respeto. Los motivos son otros y tiene todo el derecho a reservarlo en su intimidad. 

Hay gente que usa la libertad de expresión para insultar gratuitamente. Una noche hablaba de este tema con una buena amiga mía. Me decía algo así como "¿Qué tendría que criticarle yo a otra persona sobre su físico? Cada uno es como es."

Ya hay que tener mala uva para sentarte y empezar a teclear cosas horribles. De acuerdo, están expuestas como lo estoy yo ahora y se puede opinar. Pero ¿Qué hay de la educación? Si algo no me gusta de lo que la egoblogger en cuestión nos muestra es tan sencillo como decir por ejemplo que no te gusta esa prenda, no es de tu estilo, no te gusta el color... pero de ahí al insulto personal, a la descalificación gratuita va un trecho. Largo.

Yo tuve un anónimo desagradable. Me lo dejaron en un post sobre un experimento que puse en marcha en Navidad. Contaba que quería ver qué personas me felicitaban las fiestas de forma original. El grosero comentario venía a decir así como que tal vez nadie me felicitaría y a ver, pudo pasar pero ¿Qué necesidad tiene esa desagradable persona de escribir eso? ¿Me desea eso realmente? Lo peor no es eso. Lo malo es que se oculta como un cobarde. Cuando lo leí no quise publicarlo pero me dije ¡Qué narices! Los comentarios indeseables y maleducados también hay que ponerlos. Y lo publiqué. ¿Por qué no hacer feliz a una persona amargada que descarga su mala leche en el teclado? A mi me gusta hace feliz a la gente y más si son celosas y amargadas, me gusta ponerle el puntito de azúcar en su desgraciada actitud. 

De verdad, si vuelvo a tener un anónimo querría que me dijera su nombre porque la gente tiene que dar la cara, hay que ir de frente. Lo otro está muy, pero que muy feo.






viernes, 11 de enero de 2013

Sangre fría.

Manuel Mota ha decidido acabar con su vida clavándose un cuchillo en el corazón. Lo primero que se me vino a la mente fue la sangre fría y el valor en igual medida que tuvo que tener para hacer una cosa así. 

Las informaciones arrojan datos como que padecía episodios de depresión. Le preocupaba el trabajo aún siendo un diseñador de nombre, con amigos importantes y muy respetado en el mundo de la moda. Muchas novias lo habían elegido para casarse en el día más feliz de cualquier mujer. 

Tuvo la sangre fría de escribir tres cartas. Ir a trabajar y mostrarse bien. Meterse en un baño de un centro de salud y acabar con el genio del traje de novia. 

Fue cuidadoso y no quiso hacer sufrir más de lo necesario a sus familiares y pareja. 

Hay que tener mucho cuidado con la depresión. Entender a quien la padece. Es la llamada "enfermedad del alma". El dinero no lo puede comprar todo. El dinero no cubre todas las necesidades. Las necesidades del alma no entienden de montañas de euros. 

Dicen que al diseñador no le hacía feliz su trabajo. Un trabajo que había hecho felices a miles de mujeres. Famosas y anónimas. 

Sólo él sabe lo que realmente le pasó, lo que su mente de artista guardaba. ¿Qué le faltaba? Se supone que tenía un trabajo admirado y envidiado a la vez con una proyección en el tiempo. Dicen que era feliz con su pareja. Nunca se sabrá. Se especulará, se supondrá...pero no sabremos mucho más. Los genios son así. 

 Manuel Mota se ha ido sin glamour alguno pero teniendo mucha, mucha sangre fría...



viernes, 4 de enero de 2013

Para todos el día de Reyes, para mí...

El día 6 de Enero es fiesta. Es especial porque descubrimos lo que los Reyes Magos nos han traído. Pero desde hace 6 años, para mi tiene otro significado. Otro color. 

Hace 6 años los Reyes Magos me trajeron un marido. ¿Hay regalo mejor? ¿Puede ser más especial para mi este día? Ya no hay regalos que superen a éste. No hay Louboutin, Dior, Chanel, Tiffany...que supere esto. Este regalo vale más que cualquier cosa. Y es curioso porque ya no nombro el día 6 como el día de Reyes, no, ahora lo llamo "el día de mi aniversario de boda".

Los demás están contentos con este día, yo estoy FELIZ. Me parece que es una fecha original y preciosa para celebrar una boda. Mi boda. Ese día me acompañaron alrededor de 150 personas, las justas, hizo un día de sol precioso. En el banquete comimos de postre roscón. Y desde ese momento el día de Reyes tomó otro significado para mí. 

Con los días pierdes la ilusión de los regalos que te hicieron, pero con un marido como el mío eso no pasa jamás. Lo mejor de celebrar este día es, abrir los regalos, desayunar roscón y salir a celebrar nuestro aniversario de boda. 

Ya hemos cumplido 6 años. Han pasado 6 años desde el día de nervios, ilusión, emoción...6 años de nuestro viaje a París.

Está claro que los Reyes no son los padres, al menos los míos no...

¡Felices Reyes para todos!




sábado, 29 de diciembre de 2012

Ganas de 2013

Tengo ganas de empezar el año. No me ha ido mal 2012 lo que pasa es que me gusta estrenar cosas. Y lo de estrenar un año me gusta muchísimo. Todo un año con sus 12 meses lleno de cosas nuevas, seguro que vendrán momentos malos, regulares pero también los habrá buenos, espectaculares e inolvidables.

No voy a hacer balance del año que termina. Si tengo la capacidad de quedarme con lo bueno, el balance no tiene sentido y la verdad, ¿para qué sirve? Lo que pasó ahí se queda. Tengo la capacidad de romper con las cosas que no me hacen bien, con las que me entristecen y decepcionan. 

Una de las cosas que estoy viendo estos días en las redes sociales es la expresión "el último sábado del año, el último viernes, el último cine..." y me agobia mucho. Hoy me ponía mi mascarilla facial semanal y sonreí al pensar en que es mi última mascarilla del año...Eso de "el último" me sabe como al fin de algo y prefiero pensar en la palabra continuar, seguir, avanzar. No quiero tener lo último de nada. Quiero que todo sume, que sea una cosa más. 

No espero nada del año que entra. No quiero soñar ni desear nada. Quiero que me sorprenda. Si la regla que me viene ocurriendo se cumple, éste será un buen año porque curiosamente me han pasado cosas muy buenas en los años impares. ¿Lo más importante? Me casé en el año 2007 y ahí empezó a suceder cosas. 

Sea como sea y venga como venga lo voy a aprovechar, a vivir intensamente, a seguir interesándome las cosas importes de la vida que curiosamente son las más pequeñas y las que no cuestan dinero. Las cosas del corazón y los sentimientos. 

Sólo siento algo como lo último del año. Esta entrada.

Te espero en 2013.

Feliz Año Nuevo.




lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Por qué no?

En Navidad hay dos grupos de personas que tienen opiniones diferentes sobre estas fechas. Los niños están encantados, contentos, ilusionados, felices...Los adultos están deseando que pasen y piensan que todo esto es un rollo. Quiero volver a sentir lo que sienten los del primer grupo.

Recuerdo que cuando era pequeña me ilusionaba mucho la Navidad, me gustaba poner el árbol, adornos, escuchar villancicos y creer que mis sueños se iban a cumplir porque para eso está la Navidad, para que se cumplan los sueños. 





He salido a comprar los regalos y me he encontrado con gente que piensa que son fiestas hipócritas, falsas, donde el gasto es innecesario, gente que le nombras el árbol y te ponen caras raras y otras que están hartas de escuchar villancicos en los abarrotados centros comerciales.

Este año yo empecé igual. De entrada me daba una pereza tremenda poner el árbol. No tengo niños y lo he puesto para mí, para nosotros, mi señor J y yo. Y me ha quedado precioso. La otra tarde, mi vecina puso un CD de villancicos a todo volumen y lejos de molestarme me gustó. Esos mismos cantaba cuando era pequeña. 

Este año voy a salir a buscar gente feliz porque estamos en fiestas. Voy a pararme a ver el alumbrado. Voy a comprar muchos bombones. Y voy a alegrarme porque un año más puedo compartir todo esto con mi familia y amigos. Y aunque mi abuela no está del todo bien, si Dios quiere, estará en la mesa con nosotros. Y el año que viene ya se verá. Porque en realidad no sabemos que nos va a traer el nuevo año, no sabemos si el mundo se va a acabar, si éstas son las últimas...




Y yo tengo mucho que celebrar. Mi sobrino está descubriendo la Navidad y quiero disfrutar de eso, mi señor J sigue queriéndome cada vez más, mi familia está bien, quiero cantar villancicos, quiero compartir momentos alrededor de unas tapas, un café, unas copas, quiero felicitar las fiestas porque estamos vivos y eso hay que celebrarlo y aparte de todo esto vamos a estrenar un año. 

Así que pensaré en los que no están y en vez de estar triste y ponerme el traje de El Grinch voy a ponerme un vestido de fiesta, unos zapatos de tacón altos, un pintalabios de color rojo y voy  a disfrutar de estas fiestas porque hay que vivirlas como si fueran las últimas. 

Feliz Navidad. 


(Fotos:Pinterest)

martes, 11 de diciembre de 2012

Un experimento

Este año voy a experimentar algo. Quiero saber cuanta verdad hay en esos mensajes que se envían al móvil por Navidad. Esos mensajes que te desean que el próximo año sea el de tu vida, de sueños cumplidos, con más salud si cabe y que la amistad dure en el tiempo.

Este año no voy a ser la primera en enviarlos. Y aquí viene mi experimento. Quiero comprobar quien se acuerda de mi realmente. Quien se toma unos segundos para enviarme un mensaje deseándome un año fabuloso. Y no me sirven los mensajes en cadena donde le das a copiar a toda tu agenda de contactos.





Me refiero a ese mensaje pensado solo para mi. Quiero saber quien realmente se para y piensa durante unos segundos que quiere que me traiga 2013. Y tengo toda la tecnología gratis habida y por haber. Dejando el sms que cuesta unos céntimos, así gratis tengo el correo electrónico, facebook, twitter y whatssapp, vamos no será por medios.  A ver, me haría muchísima ilusión recibir una felicitación de Navidad, pero eso de comprarla, escribirla con una letra mona, ponerle un sello (¿qué es eso?) y enviarla se que no va a ocurrir. Hay medios gratis. 

Por eso, este año voy a esperar y doy tres oportunidades. Una la felicitación de Navidad, otra la de Nochevieja y la tercera la de Reyes. La de Navidad lo típico, que tenga una buena cena en compañía de toda mi familia y bla, bla, bla. La de Nochevieja pues eso, tener una buena entrada de año y que no me atragante con las uvas (aquí se pide un pelín de originalidad por favor) y la de Reyes pues que me traigan montañas de cosas (si podéis obviar la salud mejor, tengo mucho de eso).

Se que voy a recibir esos mensajes, serán cadenas, esos de copiar y enviar pero oye, no pierdo ni la esperanza ni la ilusión de recibir de los otros... 






(Fotos: Pinterest)