viernes, 30 de diciembre de 2016

Fin de año.

Todos los años igual. Termina un año y las cadenas de televisión hacen balance de lo que ha acontecido el año que se acaba. Las revistas recuerdan sus portadas y sus noticias más impactantes. Empezamos a hacer listas de lo que vamos a hacer el año próximo y sin querer o sin darnos cuenta empezamos a hacer balance del que está casi terminando.

Gente que resume el año en una palabra, en fotos, en momentos, en libros leídos...

No hago balance, no me gusta. Porque siempre es lo mismo. Puede que el año haya sido bueno o malo, pero como casi todos. Con sus altibajos, con sus buenas noticias y con sus noticias desagradables.

Este año que termina ha sido bueno para mí porque me he propuesto atraer lo bueno y soportar lo malo. Y no es que este año haya cambiado mi forma de pensar o de ser, no, no es eso. Este año he aprendido a apartar de mi mente los pensamientos que se instalan y pretenden durar más que un suspiro.

Si me preguntaran qué tal ha sido este año para mí, tengo que decir que muy bueno. Me ha gustado 2016 y espero que 2017 sea o igual o mejor. Si viene peor pues haré con los que no han sido buenos conmigo, aprenderé a vivir con él, a soportarlo y siempre pensando en que el próximo será mejor. 

No sé si sirve hacer balance. No sé si sirve hacer propósitos. Los he hecho otros años y muchos de ellos se quedaron a la mitad. Los retos me los voy marcando a corto plazo, se me ocurre algo que quiero hacer y lo hago sin importar el tiempo que me lleve hacerlo. Pero ponerme una fecha, un tiempo, me pone nerviosa.

Tengo ganas de empezar el año porque presiento que va a ser muy bueno para mí. Yo soy muy intuitiva y cuando sé que me va a ir bien tengo ganas de que venga ya. No me da miedo empezar un nuevo año. Lo espero con ilusión. 

Despidamos el año agradeciendo todo lo que nos ha traído, lo bueno y lo malo. De lo malo se aprende, nos hace más fuertes, hace que sepamos tomar decisiones, hace que valoremos los momentos en los que estamos bien.

Feliz Año 2017 para todos. ¡Vamos a por él!

viernes, 23 de diciembre de 2016

Navidad 2016

Navidad. Tiempo de desearle a los demás lo mejor. Tiempo para hacer regalos, para decorar la casa, para escuchar villancicos, para preparar postres ricos y pensar en las cenas con la familia, pensar en las reuniones con amigos. Tiempo para recordar cómo la vivíamos cuando éramos niños.

Navidad. Tiempo para recordar a los que no están. A los que viven lejos de nosotros y no pueden volver o para recordar y llorar a los que nos dejaron para siempre. Porque ese hueco en la mesa siempre está. Siempre recordaremos los gustos de los que no están, esas anécdotas divertidas que ocurren en Navidad.

Es curioso cómo una misma fiesta puede ser vista de tan distinta forma. Los niños son los que más la disfrutan. Viven en unos días de magia, entusiasmo e ilusión que los adultos tenemos en menor medida. 

Ojalá volver a la niñez esos días. Ojalá que el espíritu navideño de felicidad y gratitud nos envuelva ese mes.

He intentado llenarme de eso que llamamos "espíritu navideño". He comprado los regalos relajadamente, tomándome mi tiempo, he comprado papeles de regalos bonitos y detalles para envolverlos, he ido a ver decoración navideña, he mirado a la gente en reuniones de amigos y brindando por unas buenas fiestas, he paseado por la calle para ver todo el alumbrado navideño, he hecho fotos...

Y parece ser que sí, que sí ha llegado. Tengo ganas de vivir estas fiestas con mi familia. Tengo ganas de sentarme en una mesa y comer todos juntos recordando los huecos que quedan libres, si tenemos que llorar lloraremos y si tenemos que reír lo haremos a lo grande. 

Porque así es la vida y hay que vivirla con sus luces y sus sombras, sus presencias y sus ausencias. Y hay que hacerlo por los niños. Que para ellos existen los duendes de la Navidad, Papá Noel y los Reyes Magos. Como para nosotros existieron cuando éramos niños.

Y no está de más pensar que a lo mejor sí existen pero no nos paramos a verlos porque estamos ocupados con nuestras cosas. 

Así que este tiempo es para recuperar esa ilusión, esa magia y creer...

¡Feliz Navidad a todos! 

viernes, 16 de diciembre de 2016

La diosa de la Fortuna

"Si este año nos tocara la lotería..." Y mirando al infinito mi marido soñaba con ser agraciado en el sorteo de la Lotería de Navidad. Estábamos sentados en un banco en el mirador de San Nicolás en Granada hablando de nuestras cosas, con el sol dándonos calor y yo me sentía afortunada. Aún quedando una semana y pico para el sorteo del Gordo.

Le dije "ya nos tocó la lotería, vivimos en una ciudad preciosa, podemos subir aquí siempre que queramos, nos cambió la vida a mejor, ¿qué más lotería quieres?"

La monetaria. La que nos quitaría las hipotecas que tenemos, la que nos daría el capricho de hacer un viaje largo. Esa, la que no te da la felicidad de pasear por una ciudad mágica, la que no te da salud, la que no te da una familia que te quiere, unos amigos con los que contar en los malos momentos y reírte en los buenos.

Ponemos la ilusión en un sorteo donde tenemos unas posibilidades ínfimas de que nos toque. 

Yo me siento muy afortunada desde que cambié de vida. No pido tener muchas cifras en mi cuenta corriente. Si me tocara estaría encantada, claro que sí, pagaría las deudas que tengo, compraría muchos regalos, ayudaría a quien lo necesita. Pero si no me toca, que es lo más probable que me ocurra, me levantaré y al sonreír diré lo que digo cada mañana "Gracias, Dios mío, que me ayudas cada día y me regalaste vivir en un sitio al que adoro. Gracias por tener salud y la gente que quiero está sana y fuerte".

Ahí busco yo a la diosa Fortuna, en mejorar, en apostar por un cambio y conseguirlo, en buscar amistades buenas y lograrlas, a seguir queriendo a todo el que me quiere, a cuidar de quien me necesite.

No la busco en un boleto, en una papeleta, en un sorteo. Soy feliz con lo que tengo. Y me alegro mucho cuando en realidad el Gordo de la Lotería de Navidad cae en una familia que no tiene para comer, que vive mal, que perdió la ilusión. 

Eso sí, me han regalado lotería, no he mirado los números, no sé si son feos o bonitos. El día 22 de diciembre me levantaré temprano, pondré la tele y desayunando veré el sorteo, no con la esperanza de hacerme millonaria, no, sino porque el soniquete de los niños de San Ildefonso ya me anuncia que llegó la Navidad.

Feliz sorteo. Que la diosa de la Fortuna os sonría de esa forma que queréis.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Después

Después te escribo.
Después te veo.
Después empiezo el libro que tenía pendiente.
Después me voy de tiendas.
Después empiezo a escribir el relato que me ronda la cabeza.
Después envío ese mensaje.
Después recojo la ropa.
Después prepararé la tarta.
Después te llamo...

¿Estás seguro de que tienes muchos después?

¿Estás seguro de que después puedes hacer todo eso que tienes pendiente o quieres? 

Hazlo ahora. Empieza ahora. Llama a esa persona que quieres y dile aquello que quieres decirle. Empieza ahora ese libro, aunque solo sea para leer dos páginas. Ve ahora de tiendas y mira las cosas bonitas que hay aunque no compres nada. Recoge ahora tu ropa mientras que se hornea la tarta. 

No sabemos los "después" que tenemos esperándonos. Así que es ahora el momento.

Ahora o nunca. No después. 


viernes, 2 de diciembre de 2016

Reuniones...¿Incómodas?

Hace unos días, una antigua compañera de trabajo con la que me llevo bien tuvo la idea de crear un grupo de whatsapp con todos los compañeros de trabajo para reunirnos en un restaurante para cenar. La idea es buena y más porque hace unos 13 años que no trabajamos juntos. Y sería todavía mejor si entre nosotros hubiera buena relación.

No, no la hay. Yo no puedo ir a esa reunión porque se hace entre semana y vivo en otra ciudad distinta. Pero si tuviera la posibilidad logística de ir ¿iría? No. 

No me haría ilusión ir porque van personas que no me trataron bien en estos 16 años. Yo no soy una persona falsa ni hipócrita. Me gusta reunirme con gente que quiere estar conmigo, que me defiende, que se alegra por mí, que me quiere, que no me critica, que no se ríe de mí...

En ese grupo no hay compañerismo verdadero. Hay malas palabras a la espalda, hay rencores, odios, envidias, celos. Me pregunto por qué van y nadie se atrevió a decir en el grupo que la idea es buena pero la ejecución es fatal. Son los miembros de ese grupo que quiere reunirse los que fallan. Y es curioso que los que no podemos ir somos los que hemos sido compañeros de verdad. Gente con la que te gusta pararte en la calle si te los encuentras. 

¿Qué malo hay en decir que es un grupo de gente falsa? ¿Qué malo hay en decir que ninguno de ellos se ha respetado y que incluso se les ha humillado? La hipocresía, la falsedad, el miedo a que pensarán mal de uno si se dice todo eso es lo que nos hace ser así.

Yo no he dicho nada porque no voy a reunirme con ellos y en realidad me da lo mismo. Si pudiera seguramente lo diría. Y en silencio, más de uno me daría la razón. Y en privado seguramente y a través del móvil me pondrían el icono de las palmitas.

Seamos serios en la vida. Digamos las cosas como son. Alabar por el buen fondo de la idea al pensar que personas que se han tirado las tiras de pellejos puedan compartir una cena, pero que en la práctica, hay más cuchillos mentales que buenas palabras salidas desde dentro. 

Será la Navidad, que nos vuelve cínicos y por qué no, más sensibles de la cuenta...





domingo, 27 de noviembre de 2016

Gran Recogida de Alimentos 2016

Mi segundo año colaborando con el Banco de Alimentos de Granada en la Gran Recogida de Alimentos que cada año se hace por estas fechas con el objetivo de recaudar el mayor número de kilos posible de comida para las familias más necesitadas. 

Para mí colaborar con ellos es motivo de orgullo. Se necesitan voluntarios que pasen el tiempo libre que tengan ayudando en los bancos de alimentos. 

Cuando realizas este tipo de labor sientes muchas cosas. Sientes que hay mucha gente con muchas carencias. Que hay gente que quiere invertir su tiempo en ayudar a otros voluntarios en esta acción. Que hay mucha gente que teniendo problemas económicos y familiares aportan lo que pueden. 

Este año vi la generosidad de muchos y las lágrimas de una señora que lloraba por no poder ayudar. Cuando alguien llora porque tiene tantos problemas que no puede ni siquiera aportar un paquete de arroz y se acerca a ti llorando, dándote primero las gracias por la labor que estás haciendo como voluntaria, y luego contándote que quisiera colaborar pero no puede, realmente te das cuenta de que hay personas muy válidas en el mundo.

Esa falta de ayuda por esa mujer que lloraba por no poder hacerlo, la suplió un matrimonio que en comida donó 30 euros. Lo que hace grande a esa señora es la sensibilidad, es la pena que sentía porque sabía que hay personas que lo necesitan pero ella no puede aportar nada. Hay gente buena todavía en el mundo.

Lo que más me emociona, aparte de la respuesta positiva por parte de los ciudadanos, es la cantidad de gente que dona comida para los bebés. Se acuerdan de ellos y compran potitos, toallitas infantiles, jabón, batidos...

Dicen que los voluntarios hacemos una labor importante. No lo sé. Yo lo hago porque me gusta colaborar y no me pesa estar varias horas en un supermercado animando a la gente a ayudar en lo que pueda para que otros puedan comer a diario. 

Hacen falta voluntarios y donaciones. No solo debemos ayudar en fechas señaladas. Hay que comer todo el año. Todos los días durante todo el año y para nosotros ¿qué nos supone comprar un paquete de arroz para que pueda comer una familia? 

Mañana podemos ser nosotros. No estamos exentos de nada. 

Es muy gratificante ayudar a los demás y ver que aunque vayamos a lo nuestro y nuestros problemas sean los más terribles del mundo en este tipo de convocatorias la gente se vuelca. Se acuerdan de los demás y así conseguimos lograr las toneladas de comida que se necesita.

Recomiendo a toda la gente hacer una labor así de voluntariado, para darnos cuenta de lo afortunados que somos y que con poco que hagamos podemos conseguir mucho.








viernes, 18 de noviembre de 2016

Espacio libre de humo y de niños.

El otro día leía el post que escribió una mujer quejándose de lo aislados que nos estamos volviendo. De la falta de ganas de empatizar con el otro, de las protestas a comportamientos que no soportamos sin darnos cuenta, que según ella,  nosotros también hemos caído en esa forma de ser alguna vez en la vida, o en alguna situación.

Alababa la idea que hubiera un vagón del silencio. Le parecía maravilloso no tener que escuchar a mujeres contarse sus cosas, a gente hablar por teléfono gritando o a empresarios hablar de lo bien o mal que le había ido la jornada laboral. Ella disfrutaba de ese momento en silencio para leer tranquilamente, escuchar música o como decía, mirar por la ventanilla en el más completo silencio.

Pero eso sí, no le parecía correcta la queja de algunas personas cuando en un restaurante hay niños corriendo, gritando, levantándose de la silla...

Ella dice que es madre. Y que le molesta ver en algunos restaurantes cómo se prohíbe la entrada a niños, dice que nos estamos encerrando en nuestra particular burbuja a no querer tolerar a los niños de los demás. Que entiende que hay padres muy maleducados que malcrían a sus hijos pero los hay que educan a los suyos muy bien. 

Y aquí va mi opinión. Si ella elige el vagón del silencio para viajar tranquila sin ruidos y sin ser molestada ¿por qué no puedo elegir un restaurante sin ruidos de niños gritones para comer tranquilamente y relajada? Si a ti no te gusta el vagón del ruido a mí no me gustan los niños escandalosos. Si quisiera escuchar y ver a niños corretear, gritar, caer la bebida o llorar porque no quieren seguir comiendo me voy a Mc Donalds. 

Si quiero pasar un fin de semana de desconexión total del mundo me busco un hotel donde el alojamiento de niños no está permitido y no pasa nada. Porque para eso existe esa opción. 

No es que quiera meterme en mi burbuja y no relacionarme. No es eso. Es la libertad de elegir comer como te gusta o no. No se trata de que no me gusten los niños, se trata de, si yo no los tengo ¿por qué tengo que soportar a los de los demás si tengo opciones para no hacerlo? 

Si yo tengo que aguantar a tu niño, aguanta tú también los ruidos del vagón dónde van los demás. Porque tal vez tú te metas en la burbuja cuando lo necesites, que en realidad eso lo hacemos todos. 

Se trata de tolerar a los demás, claro que sí. Si yo puedo tolerar y entender que ese comportamiento es el normal para un niño pequeño, debes entender también que no tengo por qué soportarlo teniendo donde elegir.

Tal vez, esos lugares con el cartel de "prohibida la entrada a niños" no existieran si los padres supieran educar bien a sus hijos, pero claro, son niños...





viernes, 11 de noviembre de 2016

Huelga...¿de deberes?

El otro día en el informativo escuchaba la noticia sobre que unos padres les prohibía a sus hijos hacer los deberes que sus profesores les habían mandado para el fin de semana. La madre decía que durante la semana ya hacían muchas tareas escolares sus hijos, y que el fin de semana era para dedicarlo a otra cosa, a jugar, leer, ver la tele, salir...La reportera le pregunta a la niña que qué le va a decir a la profesora si le pregunta por sus deberes, y la niña responde que le dirá que no los ha hecho porque su madre no la deja y están en huelga.

Como en muchos temas y decisiones hay gente a favor y hay detractores. 

Yo estudié en un colegio religioso. Con el plan de estudios de la Educación Secundaria Obligatoria, la conocida EGB. Tenía clases por la mañana y por la tarde. Iba a clases extraescolares. Y para mis profesoras a la hora de mandar tareas, ellas eran las únicas que existían. Pensaban que el día tenía 48 horas y que los fines de semana duraban 15 días. Pero no nos quejábamos. Llevábamos nuestros deberes hechos. Estudiábamos los fines de semana, los días de fiesta y los puentes. Y jamás mis padres, ni los de ninguna de mis compañeras, se pusieron en huelga de deberes. Jamás me prohibieron cumplir con mi obligación de estudiante. Y lo más importante, jamás cuestionaron la labor del profesorado. Lo que decían los profesores iba a misa. Eran muy conscientes de todo lo que teníamos que estudiar, pero formaba parte de nuestro aprendizaje, de nuestra enseñanza para la vida adulta, y si la profesora no cuestionaba el trabajo de mis padres, ¿mis padres iban a hacerlo con el trabajo de la profesora? Jamás.

Con amigos suyos sí hablaban de la cantidad de deberes que llevábamos pero nunca contemplaron la opción de ponerse en huelga.

Creo que este acto de esta madre le hace un flaco favor a sus hijos. Estos niños de esfuerzo, disciplina y responsabilidad no saben o no sabrán mucho. Qué pasará cuando vayan a la universidad, ¿no estudio porque mi madre piensa que es mucho? Y cuando tengan un trabajo qué, como considero que es mucho trabajo el que tengo me pongo en huelga ¿no?

A raíz de todo esto, puse un tuit en Twitter y pensé que pasaría desapercibido. No fue así, tuve la aprobación de muchísimas personas que como yo, habíamos estudiado mucho en la EGB y habíamos hecho montañas de deberes. 

¿Es correcto cuestionar el trabajo de un profesor? ¿Está bien desacreditarlo delante de los hijos? ¿Está bien hacerles ver que la palabra de una madre, en este caso, vale mucho más que la del docente?

Mis padres nunca lo hicieron. Si yo me quejaba de todo lo que tenía que hacer en el fin de semana, me decían que era mi obligación, que era estudiante, pero jamás retó a ningún profesor.

Creo que la mejor forma para conseguir que los niños lleven menos tareas a casa es a través de reuniones con el consejo escolar, reuniones con los profesores, con los demás padres. Pero esa decisión individual de "hacer huelga de deberes" me parece muy mal. Sobre todo porque le enseñamos a ese niño perder el respeto hacia el profesor.

Soy de la generación del 76. Llevábamos muchos deberes a casa tras las clases y ninguno de mis compañeros se murió por eso. 


viernes, 4 de noviembre de 2016

Mariposas

He vuelto a ver tu foto. Después de tres años. Estaba en un libro. Y ese libro en una caja. Los libros aún no están en la estantería porque desde que me mudé a mi nueva ciudad y a mi nueva casa aún no he encontrado el lugar idóneo dónde colocar la estantería.

Pero abrí la caja porque necesitaba coger un libro. Y en ese que me regalaste estaba tu foto. 

Solo tu foto. La imagen tuya no vino acompañada de las mariposas de antes. No sé dónde estaban esas mariposas. Tal vez aburridas de volar, tal vez cansadas, tan vez decepcionadas...

Sí, seguramente la decepción las mató. 

Siempre creí que las mariposas durarían para siempre a través del tiempo, por qué no iban a estar si la foto que nos hicimos fue preciosa y encerraba mucho de nuestra amistad, de nuestra complicidad. 

Pero no. Murieron y estoy feliz por ello. Vi tu foto y nada, indiferencia. Yo en esa foto estaba feliz y contenta. Me acuerdo de lo que sentía, de lo que aquello significó para mí. Pero no vienen las mariposas y me gusta, porque estoy curada de ti. 

Ya me da igual lo que me tengas que decir, las excusas, las opiniones, los arrepentimientos. Yo estoy aquí y tú estás muy lejos...

Si vienes de nuevo, no te molestes en resucitar algo que está muerto.

No traigas mariposas...No las quiero ya. 


Ideas para decorar tu hogar con ladrillos y que luzca hermoso sin gastar.:

Verano azul Closé                                                                                                                                                      Más:
(Fotos: Pinterest) 

jueves, 27 de octubre de 2016

Dos años

"Año 2014. Huelva, en la puerta de mi casa llenando un camión de mudanzas con todas mis cosas con destino a una nueva ciudad. Granada me esperaba. Estaba nerviosa, ilusionada, tenía ganas de llorar, de reír, de salir de allí, de quedarme un poco más para despedirme de nuevo de mi familia..."

Dos años más tarde estoy celebrando el que fue el mejor cambio de mi vida hasta hoy. Sigo feliz en Granada. La considero mi casa, mi hogar, donde quiero echar raíces. Donde quiero vivir muchos años. Me sigue sorprendiendo, sigo alucinando con la gente que conozco, con las cosas que sigo descubriendo, me sigo maravillando con sus edificios aunque los vea todos los días. Me sigue gustando la forma de hablar de los granadinos...

Fue lo mejor que hice. Cambiar de vida. Y aunque echo de menos a mi familia echo de menos Granada cuando vuelvo a mi otra casa. 

Dos años que celebro como si fuera mi cumpleaños. Es mi cumpleaños del cambio, de mi nueva vida y lo celebro con una cena, con un almuerzo, con un regalo...Me gusta celebrar las cosas bonitas y esto lo es.

Gracias Granada, por permitir estar contigo otro año más. A seguir cumpliendo.  

Te quiero.




viernes, 21 de octubre de 2016

Mujeres

El otro día, en una reunión de amigos, hablábamos de las mujeres, del feminismo de cómo éramos entre nosotras. Y estábamos todos de acuerdo en lo mismo. No somos buenas personas entre nosotras.

No nos ayudamos, no nos importa pisarnos para ascender, hablamos mal a nuestra espalda, no tenemos lealtad, existe la amistad hasta cierto punto...

No soy feminista. Quiero igualdad entre hombres y mujeres. Quiero que una mujer cobre por el mismo trabajo que realiza un hombre. Quiero que si tiene hijos no solo la conciliación familiar sea cosa de ella, sino del padre también. No quiero que tengamos que demostrar cada día que podemos ser lo más parecido a superwoman, que somos capaces de llegar a todo, que podemos trabajar y tener nuestra casa limpia y nuestros hijos alimentados y cuidados.

Y quiero que entre nosotras nos ayudemos. Y no lo hacemos. He tenido compañeras de trabajo que han sido unas auténticas arpías, de esas que se alegran si el jefe te echa la bronca del año y de esas que se mueren de envidia si te dan un ascenso o te reconocen tu buen trabajo delante de los demás. He tenido compañeras que me han visto apurada con el agua al cuello y su única ayuda ha sido echar un poco de agua más. He tenido compañeras que no han movido un dedo ni por mí ni por las demás. 

He tenido amigas que se han alegrado de haber engordado unos kilos, que han tenido celos porque he perdido esos kilos y me he puesto cañona. Amigas que no se han alegrado de mi prosperidad en la vida, han envidiado mi cambio de vida y me han dado de lado. Amigas que me han aconsejado mal, que al darme la vuelta me han clavado un puñal por la espalda.

Y no solo me ha pasado a mí. Les ha pasado a más mujeres que conozco. Sin embargo entre los hombres eso no pasa. Entre ellos son más nobles, más "inocentes", más fieles. Ellos son auténticos compañeros de trabajo. No tienen la maldad que tenemos nosotras.

No soy machista tampoco. Pero prefiero tener compañeros de trabajo a tener compañeras. He tenido la suerte de trabajar en varias empresas. En algunas de ellas había más perfil femenino, en otras abundaba lo masculino y para mí ha sido mucho mejor. Eran consejos de verdad, ayuda de verdad. Me he sentido mejor.

Tal vez haya sido una mala experiencia con mis compañeras de trabajo y amigas. Pero hablando con más mujeres no soy la única que piensa así. 

¿Por qué somos así entre nosotras? ¿Por qué existe esa rivalidad? Somos mujeres. Con nuestros defectos y virtudes y qué mejor que entre nosotras para entendernos, ayudarnos y apoyarnos. Deberíamos estar más unidas, ayudarnos más, defendernos más. 

Si lo hiciéramos seríamos aún más fuertes...  




jueves, 20 de octubre de 2016

Todo comenzó en una estación de autobús.

Doce horas de viaje en un autobús que me llevaba a Valencia. El viaje era por la noche. Parábamos por muchos pueblos. Se subía gente al autobús, se bajaban, se sentaban a mi lado, se iban, llegaban otros viajeros...

Podría haber cogido el tren pero no había billetes para ese día. Y es que debía ser ese día. Me preguntaste si me importaba estar toda la noche viajando en un autobús para estar contigo dos días en la tierra de las flores, de la luz y del amor. Dije que me subía a ese autobús con mis ilusiones, mis ganas y mis nervios.

No nos habíamos visto antes. Porque una foto no hace justicia. Una foto no transmite olor, el sabor de unos besos. 

Iba nerviosa todo el camino. Dormí muy poco. Amanecía y entrábamos en Valencia. Por megafonía nos avisaron que en breves minutos llegaríamos a la estación de autobús. Y allí estabas. Dando vueltas quizá igual de nervioso que yo. Yo me tranquilicé. Me gustaste todavía más. Por fin. Por fin saliste de mi pantalla de ordenador y eras una realidad. 

Bajé del autobús. Nos dijimos "hola" y nos besamos. Un beso corto, con su justa presión en los labios y cuando los separamos nos reímos nerviosos. 

De la mano, anduvimos por Valencia, nos contamos cómo estábamos, lo que nos gustamos en persona, lo que nos extrañamos cuando nos despedimos...

Te decía adiós mientras el tren se alejaba pero supe que ahí comenzaba nuestra historia de amor. 

Me fui ilusionada, pensando en el futuro contigo, en lo que pasaría mañana.

Llamadas de teléfono, mensajes, regalos, un viaje a Sevilla, una escapada a Cádiz, un tira y un afloja...y se terminó todo.

Tú por tu camino que no te gustaba. Yo haciendo uno nuevo lleno de ganas de vivir cosas nuevas.

Pero fue una historia con tanta pasión, con tanto amor, con tanta admiración que la volvería a repetir contigo una y mil veces más. Aún sabiendo el triste y dramático final que tiene.

Esa estación de autobús de Valencia que tanto podría contar de nosotros.

Tantas historias parecidas a la nuestra y ninguna como la de nosotros...

jueves, 13 de octubre de 2016

Vidas inventadas

Uno de los balcones de mi casa, el que está en el salón da a las habitaciones de un hotel.

Me sorprende la cantidad de huéspedes que entran y salen cada semana, cada fin de semana. 

Gente de distintos países y nacionales. Se asoman al balcón de la habitación y alguna que otra vez me han saludado.

Desayuno justo ahí y el café de la tarde me lo tomo al lado de ese balcón si estoy en casa. Y miro al hotel y veo a los turistas. Como soy tan imaginativa me invento la vida que tienen. Por la pinta los ubico en un país. Me pregunto qué conocerán de Granada, si es la primera vez que vienen, si vienen para arreglar algún tema sentimental, me pregunto a qué vendrán los que lo hacen solos...Me invento los trabajos que tienen. Los hay con pinta de funcionarios, otros de escritores, un médico, alguien que ha venido a gastar una herencia familiar...

Cuando termina mi desayuno o mi café de la tarde terminan las historias. Me olvido de esos turistas porque lo que se ve tras una ventana no es lo que pasa en la vida real. Ni siquiera seguro que es ni parecido. Es un rato de imaginación que me tomo para mí.

Y me pregunto, ¿por qué la gente no hace justo eso? ¿Por qué no se preocupan de sus vidas? Claro que todo el mundo tiene una opinión, pero ¿por qué no observan, se callan y siguen con sus vidas? ¿Por qué ese llevar y traer construyendo una realidad de otras personas que no es tal?

Todos somos espectadores y todos en algún momento hemos hablado más de la cuenta de otros. Me alucina los comentarios que leo en algunas fotos en Instagram de gente más o menos conocida. Hay gente que lleva la vida de esas personas mejor que la propia protagonista. Incluso se atreven a contestar por ellas si alguien les pregunta algo. En serio, ¿tanto tiempo tienen como para seguir una vida a través de unas fotos o de 30 minutos de un vídeo de YouTube? ¿De verdad nos creemos todo lo que nos quieren mostrar?

No me interesa la vida de los demás que no pertenecen a mi familia más cercana. Me da absolutamente igual de quién se ha enamorado fulanito o de con quién ha sido vista menganita. Me hace mucha gracia cuando en la tele, sale ese vecino que saludaba por las mañanas pero que al final era un asesino, y que sus vecinos dicen que no lo conocían, pero por la apariencia y por las veces que lo vieron entrar y salir te construyen una vida. 

Todo iría mucho mejor si no nos metiéramos en la vida y circunstancias de los demás y nos preocupamos de nuestros problemas y de ser mejores cada día. 

Hace mucho tiempo que lo practico, y la verdad, que muy bien. 


Calle Padua 75, Barcelona, España.:


viernes, 7 de octubre de 2016

We don't talk anymore

Ya no hablamos. Y antes hablábamos mucho y no lo echo tanto en falta porque te recuerdo, te pienso y es como si hubiéramos hablado hace cinco minutos.

Hablábamos de todo y de nada importante. Hablábamos de cosas importantes para nosotros. Y nos reíamos. Teníamos días malos y lo compartíamos, teníamos ganas de estar solos pero nos llamábamos para hablar. 

Teníamos ganas de saber el uno del otro. Compartíamos fotos de nosotros, de nuestras ciudades, de lo que comíamos, nos dábamos envidia con lo que veíamos y lo compartíamos porque queríamos verlo juntos, comerlo juntos, beberlo juntos...

Si ahí llovía aquí hacía sol y si ahí hacía frío aquí también...

Reuniones interrumpidas por un mensaje mío y los buenos días tuyos que me sacaban del sueño. 

Se nos fue de las manos y la conversación se fue también. Los días no fueron tan buenos, fueron como todos. Y nos dejaron la sensación de saber todo el uno del otro y sentirnos desconocidos por completo. 

Quizá algún día volvamos a hablar. Quizá empecemos por un "buenos días, estoy en un atasco". Estamos en un atasco y no avanzamos. No nos atrevemos a acelerar, a frenar en seco, a bajarnos dar un portazo y olvidar. Yo al menos no.

Ya no hablamos. Y antes hablábamos mucho y lo echo en falta...


martes, 4 de octubre de 2016

Postureo

"Los lunes son menos lunes si llego a casa y me encuentro esto". Y se ve una caja de Louis Vuitton con un enorme lazo. Nada dice del contenido pero seguro que es algo carísimo y monísimo.

"Una parada para coger fuerzas y seguimos de shopping". Y se ve un vaso enorme de Starbucks y de fondo los escaparates de las tiendas.

"Trabajando un poco". Y en la foto vemos un escritorio blanco, con una silla blanca con agendas blancas, con una pantalla de un Apple enorme, un jarrón con flores y un calendario recordándonos el día en que estamos. Y yo me pregunto, en qué trabajas, ¿mirando al techo? Porque cuando yo trabajo hay más de un papel en la mesa y las flores es lo primero que quito. Pero claro, es para la foto. 

Ya me cansa seguir perfiles así en las redes sociales. Al principio me gustaba ver esas fotos, y me declaro culpable porque yo también he hecho ese tipo de fotos y no solo eso, las he publicado incluso. Con el tiempo las veo y con alguna me he ruborizado de la vergüenza que he sentido. Publiqué vasitos de Starbucks y nadie me dijo que años más tarde me sentiría ridícula. Publiqué regalos que me hicieron y fotografié comida. Sí, como si nadie comiera nada más que yo o si lo que publico es la primera vez que lo como.

En el programa de las Kardashian, Kris, la matriarca del clan, fotografía un plato de ensalada para colgarlo en la red. Su hija, Kim, le dice que fotografiar comida para colgarlo en las redes no es nada glamouroso y es una horterada. No sé si estoy de acuerdo con ella porque me encantan las Kardashian o si es porque tiene toda la razón. La foto de una ensalada que nos comemos qué quiere decir ¿como sano? ¿mira qué rico lo que voy a almorzar? No sé. 

Nos gusta el postureo. Nos encanta decirle a los demás, que llevan la misma vida que nosotros o incluso mejor, que también somos cool, que lo pasamos bien, que vamos a sitios guays. Y a los demás qué, ¿qué les importa a los demás? ¿Qué queremos dar a entender?

Actualmente sigo a ese tipo de personas porque llevo años haciéndolo y las conozco como si fueran amigas mías, pero ese tipo de foto me aburre y no me aporta nada. Me gustan más los perfiles de decoración, de gente que nos muestra sus looks para inspirarme, de viajes...

Por cierto, me he comprado una caja de macaroons para comerlos, no para hacerles una foto y colgarla. Me gustan desde que hace unos 10 años los probé en París y de vez en cuando me doy el capricho y de eso no presumo. Ni lo sabe nadie. 




viernes, 30 de septiembre de 2016

Termino y te llamo

Y sabes que no es verdad. Lo que pasa es que nos gusta ponernos límites porque no somos capaces de hacerlo en el momento.

Jugamos al "si la próxima persona que suba al autobús lleva un jersey rojo lo hago", y si no pues para la próxima.

Con lo fácil que es coger el toro por los cuernos y terminar con ese come come que no nos deja ser libres.

A mí me está pasando eso. Desde el pasado mes de abril tengo una llamada pendiente que sé que tengo que hacer, pero no me atrevo. Me da miedo obtener una respuesta desagradable de la otra persona, me da miedo a que se ría de mí, a que piense que soy ridícula...

Pero tengo que hacer esa llamada. Se la debo y cada día que pasa es peor. Y ese momento va a llegar, el día que menos lo espere, cuando ya no pueda más voy a coger el teléfono y voy a intentar decirle todo lo que me consume.

Y si pierdo pues pierdo y ya está. Pero si gano...

Venga, cuando me la termine te llamo...

Y esta vez sí. 


martes, 20 de septiembre de 2016

Otoño

El otoño es...

Un té mientras escribo. 
Es mirar fotos del verano y creerlo lejano.
Buscar una mantita para ver una película.
Es tomar un café mirando por la ventana mientras llueve.
Llevar una chaqueta porque ya no hace calor.
Ver las hojas doradas de los árboles en el suelo.
Merendar churros con chocolate algún domingo que otro.
Es leer un libro arropada.
Es hacer nuevos planes.
Es escuchar canciones románticas e imaginar que eso que tanto deseas va a pasar.
Es esperar los primeros copos de nieve.
Es estrenar abrigos, botas, sombreros, guantes...
Es guardar todo lo relacionado con el verano.
Es sentir el frío en la cara y sentirte vivo.
Es el relleno de borreguito.
Es la crema de zanahoria, y la de calabacín y la sopa...
Es...
Es...
El otoño es maravilloso. 






Imágenes: Pinterest. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cosas sobre mí

Actualmente vivo en Granada y estoy encantada.

Echo de menos a mi familia. No echo de menos a mi ciudad de origen.  

Me gusta leer y leo todo lo que puedo.

Me gusta escuchar música y me inspira para hacer montajes de fotos y vídeos.

No me gusta escuchar música por la calle porque me aisla tanto que necesito escuchar los ruidos de la calle.

Llevo cosas en el bolso que no necesito pero me gusta llevarlas.

Me he portado siempre bien con mis amigas. Ellas conmigo no. Me han traicionado.

Uso crema de manos desde que vivo en Granada. El clima me cambió la piel.

Me gusta subir al mirador de San Nicolás y sentirme afortunada. La Alhambra desde allí impresiona.

Me gusta escribir y tengo muchas libretas donde apunto frases que se me ocurren y escribo algún texto.

Me gusta ver vídeos en YouTube.

Fui presentadora y redactora en una televisión local y aunque me lo pasé muy bien no lo volvería a hacer.

Desde hace algunos veranos voy de vez en cuando a la playa nudista.

Me gusta mucho el color rosa, pero desde hace un tiempo estoy vistiendo con colores como el blanco, el negro o el gris. 

Me gusta hacer deporte porque mentalmente me sienta muy bien.

Me gustan los zapatos de tacón y adoro las bailarinas.

Me encanta el maquillaje y la cosmética.

He visto la serie "Sexo en Nueva York" mil veces. Y la sigo viéndola.

Tengo muchos documentales de diseñadores de moda y no me canso de verlos.

Me gusta mucho más el invierno que el verano. 

Me gusta la cerveza y el vino tinto.

Adoro la nieve.

Tengo un labrador retriever que se llama Fendi y solo me da alegrías.

No tengo hijos porque no quiero ser madre. No es un meta en mi vida. 

Lloro mucho menos que antes.

Mi marido y yo formamos una pareja estupenda.

Me gusta el cine.

Detesto a la gente falsa. 

No quiero recuperar amistades pasadas. No me interesa.

Tengo un sobrino de casi cinco años y lo quiero con locura.

No me gustan las tartas de cumpleaños.

Celebro los días importantes del año y no solo los señalados. Sino los significativos para mí.

Desde que pienso que cada día que vivimos puede ser el último exprimo más la vida y soy más feliz.

Tengo presentimientos que suelen cumplirse.

Doy segundas oportunidades. Tres no.

Creo en Dios. También soy rociera de corazón.

Me gusta mucho la gente que estoy conociendo actualmente.

Hago muchas fotos.

Grabo muchos vídeos.

Siempre he tenido mucha suerte en el amor.

No me gusta que me regalen ramos de flores. 

Soy romántica.

Sigo teniendo algunos miedos. He superado otros muchos.

Escribo en color rosa en mi agenda, en mi blog y en mis notas personales.

Soy muy agradecida. De hecho te agradezco que hayas leído hasta aquí.

¡Gracias!




miércoles, 7 de septiembre de 2016

Conversaciones pendientes

¿Cuántas conversaciones tenemos pendientes? Párate y piénsalo. 

Una conversación pendiente con aquella amiga que se enfadó sin motivo. Con una expareja que al dejar la relación se quedaron cosas sin decir y que ahora las dirías, con un exjefe que no te trató bien, con uno que te trató genial, con aquella persona que te dio una oportunidad y creyó en ti cuando nadie lo hacía...

¿Cuántas conversaciones tienes pendientes?

Yo tengo algunas, varias, muchas tal vez. Y no puedo cerrarlas todas, no puedo zanjar todos esos temas que han quedado colgados. Y no es por falta de ganas, o desidia, u orgullo. 

No.

No puedo mantener mi última conversación pendiente con una persona que fue importante porque ya no está. Ya no vive. Se fue y yo me enteré al año de su marcha.

Me enteré por una red social. Ayer, por la tarde. Quería saber de ella, cómo estaba, qué había estudiado, dónde vivía, cuántos hijos tenía...

Tenía.

Me impactó tanto la noticia que volví a 1994. Año en que nos conocimos y nos hicimos amigas. La amistad duró unos tres años, se rompió por un malentendido causado por la edad, éramos niñas, íbamos al colegio. Nos recogíamos cuando salíamos a las doce de la noche. Pero nunca dejé de tenerle aprecio, cariño.

Pasaron los años. Algo más de veinte y yo he tenido esa conversación pendiente en mi cabeza. Siempre pensé que el destino haría algo así como encontrarnos y hablaríamos. Pensé que gracias a las redes sociales sabríamos la una de la otra y que una de las dos nos diríamos algo. No ocurrió.

Y ahora tengo una rara sensación. Porque en mi cabeza había visualizado cómo sería esa charla. 

Quiero creer que ella, desde donde está, sabe lo que siento y todo lo que quería decirle, que si no se podía recuperar la amistad al menos que supiera que jamás le guardé rencor y que me alegraba por todo lo que había conseguido en la vida. Me tranquiliza saber que ella lo ve y lo sabe. 

Debemos zanjar temas pendientes, sobre todo si son temas para pedir perdón o agradecer algo. 

Creemos que tenemos toda la vida por delante y es tan frágil...

¿Empezamos ya? 




viernes, 2 de septiembre de 2016

Volver...

A septiembre. Volver a empezar lo que para algunos es el comienzo del nuevo año.

Volver a la rutina normal del trabajo, las clases, los cursos, los propósitos.

Volver a emprender nuevos proyectos o retomar los que dejamos en el cajón el mes de junio.

Volver a poner al día la agenda de llamadas pendientes, a intentar recuperar las quedadas con amigos que nos hacen reír, que nos cuentan sus cosas, que son confidentes.

Volver a probarnos la ropa que dejamos colgada en marzo. Y sonreír porque todavía nos queda bien. O llorar y buscar en el cajón donde tenemos la propaganda de comida rápida, aquella publicidad de ese estupendo gimnasio.

Volver a pensar en la caída de las hojas. Hojas doradas que cubrirán los parques por donde pasearemos. Por las calles donde va la gente con prisa. Esa misma gente que hace poco días estaba tumbada en la playa. 

Volver a hacer lo mismo que todos los septiembres. 

Volver, volver, volver...

¿Volverás a llamarme? 

viernes, 26 de agosto de 2016

Hablar con Dios

Por casualidad en YouTube vi un vídeo de una chica que no sigo, pero el título me llamó mucho la atención. 

Decía que no se sentía feliz. Decía que lo tenía todo para ser feliz o al menos pensaba que lo tenía todo. Tiene un marido que la adora, unas niñas preciosas, una casa que le encanta y un trabajo que le apasiona. Pero no se sentía del todo feliz. Llegó a la conclusión que se había alejado de Dios, ella que es cristiana y que siempre había hablado con Él se había alejado del que considera su centro. El centro de su vida.

Hasta que llegó el día en que dijo "hasta aquí llegué", se plantó y le contó a Dios lo que le pasaba, lo que sentía, por qué lloraba, por qué se sentía infeliz, por qué si tenía todo lo que quería. 

Y empezó a encontrarse mejor. Leyendo los comentarios de ese vídeo sabía lo que me iba a encontrar. Gente creyente que considera que Dios la ayudó, le indicó el camino, le dio esa paz que tanto necesitaba. Y gente que, no es creyente, que se burla de las creencias de los demás y le decía que ese mérito era suyo y solo suyo, hasta que no se plantó y decidió cambiar no lo consiguió y Dios no tiene nada que ver con esto porque ¿existe? ¿ayuda realmente una fuerza que no vemos ni controlamos?

Yo soy creyente. Creo en Dios. No voy a misa, no me gustan los curas, las monjas no me caen bien, pero entro en la iglesia de vez en cuando, me siento en un banco y hablo con Dios. Hablo de lo que me preocupa, de lo que quiero mejorar, doy las gracias por lo que tengo, por cómo soy, por lo que he conseguido, por tener a mi familia sana y unida. Y me siento mejor al salir. Me siento en paz, con otra energía.

No puedo asegurar que existe Dios porque no lo he visto físicamente, pero tampoco puede asegurarme nadie que no cree que no existe, porque tampoco nadie se lo ha demostrado.

Llámalo Dios, fuerza, ser...como quieras, pero respeta las creencias de los demás. Respeta que los que creemos en Dios nos guste hablar con él. Respeta que si nos va bien en la vida digamos "gracias a Dios".

He visto a deportistas de élite santiguarse antes de marcar un gol y mirar al cielo cuando consiguen un tanto o una copa.

He visto a estudiantes llevar estampas de santos a la hora de hacer un examen. 

He visto a gente que no es cristiana rezar cuando un familiar está en un hospital y agradecerle a Dios la curación. 

He visto a gente que asegura no ser cristiana hacer promesas a Dios porque se siente con el agua al cuello.

He visto y veo a mucha gente joven entrar en una iglesia y hablar con Dios, pedir, rezar, agradecer...

No sé si existirá Dios. Para mí sí porque me da lo que le pido, porque me reconforta, porque siento que me indica el camino y si no es así...oye, no me va nada mal tener esta religión y creer en Él. 

No intento y nunca lo he hecho convencer a nadie de lo que creo y en quién creo. Eso se descubre, eso te llama. Pero respeto a quien no lo hace, a quien tiene otras ideas, a quien cree en otras deidades. No me río, lo respeto. Porque si les va bien ¿significa que no existe su dios?

El mío para mí sí existe y espero que me acompañe y escuche siempre. 


martes, 16 de agosto de 2016

Qué sabrás tú...

Qué sabrás tú si te echo de menos o no...

Echo de menos tu sonrisa y tu risa . Nos reíamos de cosas sin sentido, de chistes malos, de situaciones absurdas que nos contábamos.

Echo de menos tus buenos días. Sonaba el sonido de un mensaje en el móvil y sabía que eras tú. Y ese mensaje deseándome los buenos días me daba la vida. Me duraba todo el día el momento de felicidad.

Echo de menos las fotos de las calles por dónde paseas, por dónde compras, por dónde vas...

Echo de menos esos atascos que provocaban acordarte de mí y decirme cualquier cosa, aunque fuera solo para quejarte de lo mal organizado que está el tráfico. Siguen habiendo atascos, pero ya no tienes nada que decirme.

Echo de menos tu foto en casa, sin peinar, sin vestir elegante, cómodo, relajado, sin prestar atención a la tele. Solo al teclado que nos conectaba a ti y a mí.

Echo de menos los sitios que decías que me llevarías. Cogerte de la mano y correr por Madrid.

Echo de menos tus problemas. Tus angustias que todavía tienes y no compartes conmigo. 

Echo de menos tu voz. Me gustaba tanto oírte...

Qué sabrás tú si te echo de menos o no, si no me preguntas, si no me hablas, si no quieres saber de mí...


viernes, 12 de agosto de 2016

Críticas vs Amor.

Hace unos días vi el vídeo que Risto Mejide le ha dedicado a su novia donde le declara su amor. Me parece precioso. Me gusta tanto que lo tengo en mi lista de favoritos. 

Me gusta el texto, la voz, la entonación, la música de fondo, las imágenes...

Pero he leído más críticas destructivas que constructivas. Son críticas que no aportan nada, en realidad me parece que critican por criticar, porque se trata de Risto. Ese hombre que daba una imagen de duro y frío y parece ser que gusta menos siendo sensible y romántico. 

Yendo más allá leo críticas sobre lo jovencísima que es su novia. Veinte años menor que él. Y qué. Qué pasa si un hombre le dobla la edad a una mujer, que ya es mayor de edad.

Los insultos hacia él son tan fuertes, tan feos que donde yo veo amor, hay gente que ve abusos. ¿Ha muerto el romanticismo? ¿No se puede enamorar de verdad un hombre de cuarenta y algo de años de una mujer de veinte y pocos? Claro que puede. Al menos yo creo que sí puede. 

En esta relación, él lleva la experiencia de muchas cosas vividas, muchos desengaños, desencuentros, frustraciones, miedos y temores superados. Ella lleva la juventud que empieza a descubrir cosas, los miedos nuevos, el creerte que la amistad es duradera y para siempre, el pensar que ese hombre será el que envejezca contigo, el vivir una historia de amor de película entre un hombre maduro y una chica que va a la universidad. Un "Perdona si te llamo amor" en Barcelona.

En caso de ruptura de la pareja, cosa que todos dan por hecho, ella será la que lo pase peor, verá todo su mundo destruido, sus sueños rotos, llorará y llorará y pensará que todos los hombres son iguales. Porque no tiene experiencia suficiente, no es dura ante una ruptura de un amor que ella habrá idealizado.

Él lo llevará mejor seguro. Se repondrá rápido. Ha tenido varias relaciones sentimentales, un divorcio, un hijo...sabrá reponerse mejor. 

Pero por qué hay que mirar al futuro. Lo que están viviendo ahora es precioso. Él dice estar enamorado. Ella también. Él le escribe cosas bonitas, le dedica miradas de hombre enamorado. Ella igual. 

¿Por qué tenemos que meternos en la diferencia de edad que hay entre los dos? ¿Por qué pensamos en cuando ella tenga 40 años y él 60? 

Podemos pensar que ahora son felices, que mañana quién sabe dónde estaremos todos. Que el amor es bonito sea a la edad que sea. Que hay hombres que escriben textos bonitos, que hay hombres que son capaces de enamorarse incluso sabiendo que lo van a maltratar con comentarios desafortunados.

Y ella, de un hombre así va a aprender mucho. Va a crecer como persona y si como dicen algunos de la mano de su pareja tendrá más facilidades para encontrar trabajo por ser él un hombre famoso, pues bien por ella. ¿Quién no aprovecharía esa fama? Yo sí.

Donde los demás ven un negocio, un montaje, yo veo una historia de amor.

Y si fuera un montaje no es nuestro problema, nuestro asunto. 

De todos modos, como publicista, Risto lo ha hecho muy bien. Se está hablando mucho de este tema y para bien o para mal es publicidad para la pareja.






viernes, 5 de agosto de 2016

¿Necesitamos que nos alimenten el ego?

No, no tengo nada que justificar. Nada que declarar. No voy a decir que cometo errores porque eso lo hacemos todo el mundo. Desde que nos levantamos. Cuando en el trabajo, con familiares o amigos, cometemos algún error pedimos disculpas. Si por la calle a algún extraño le damos un pisotón sin querer le pedimos disculpas. Pero no vamos con un cartel diciendo que somos conscientes de que no somos perfectos y que nos duele si alguien piensa que somos feos, altos, gordos, delgados o soberbios. 

He visto durante las últimas semanas vídeos de youtubers hablando precisamente de esto. Justificándose. Vídeos dirigidos a los haters que hay por ahí. Vídeos de chicas que tienen que jurar en público que no han pasado por el quirófano porque gente anónima les ha dicho que antes de la (supuesta) operación estaban más guapas. Chicas que tienen que explicar que por motivos de salud han engordado y han llorado cuando las han llamado gordas, chicas que tienen que explicar por qué ha roto su relación porque ya su pareja no sale en sus vídeos o no habla tanto de ella, chicas que tienen que disculparse porque marcas de cosmética y maquillaje las obsequian con productos que ellas prueban y recomiendan solo por dar a conocer tal marca, dar su opinión y no presumir del mencionado regalo, chicas que tienen que explicar por qué no se dedica a lo que estudió...y así tantas justificaciones, tantas explicaciones. 

Por qué. Por qué esas chicas tienen que hablarle a un público que no conoce y pedir perdón por ser como son. Por qué tienen que decir que lo han pasado mal con esos comentarios y que incluso han sopesado la posibilidad de cerrar el canal. Canal de Youtube que le gusta porque es su hobby. Por qué les duelen los descalificativos de gente que no conoce. Gente que en su casa, descarga una maldad y una ira contra alguien que graba un vídeo contado algo que le gusta. 

¿Debemos parar cada x tiempo y justificarnos? Si adelgazamos mucho, ¿tenemos que dar explicaciones a gente externa a nuestro círculo de por qué tenemos ese nuevo peso? Si engordamos ¿tenemos que decir a esa misma gente que seguimos sanos pero con el verano nos hemos pasado un poco? ¿Por qué? 

Es nuestra vida, nuestras decisiones, cambiamos físicamente y personalmente, cambiamos de pareja, tomamos decisiones que solo nos debería afectar a nosotros como también solo nos debería afectar las opiniones de nuestra familia. 

Por qué nos sentimos mal cuando alguien nos da una opinión negativa, por qué nos sentimos triunfadores cuando alguien nos dice algo positivo. ¿Necesitamos la aprobación constante para ser feliz? ¿Necesitamos ser perfectos para los ojos de los demás? Si los demás nos ven perfectos ¿creemos que lo somos? Si alguien nos critica ¿creemos en esa crítica? ¿Es falta de autoestima? ¿Necesitamos que nos alimenten el ego? 

¿Tenemos que vivir según la aprobación de los demás? ¿Hasta qué punto nos debe condicionar la opinión sobre nosotros mismos? 

A mí en realidad, los comentarios negativos escritos solo con el afán de hacer daño que se hagan en mi Instagram me dan igual, los que se hacen con el fin de dar un punto de vista para mejorar los acepto. 

Deberíamos tener en el interior un colador, que solo dejara pasar aquellas cosas dichas por personas que nos conoce de verdad, a las que les importamos, las que nos quieren, las que si nos hacen daño es porque quiere que mejoremos, no que lloremos.

Tenemos que aprender a ponernos el chubasquero y que nos resbalen opiniones de gente ajena a nuestra vida. 

Mi lema es "Vive y deja vivir". Al que le guste, bien y al que no que arree.