Hay gente que se toma el comienzo de curso, la vuelta de las vacaciones o la rutina como el principio de una nueva etapa. Y cuando comienza una nueva etapa una se plantea hacer esa lista de cosas que queremos hacer en serio. Cosas como empezar con esa dieta, dar clases para aprender algún idioma, retomar el contacto más frecuente con algunas amistades...Esa lista es casi la misma que al principio de año y la pregunta es ¿Cumplimos algo de todo eso?
No creo en esos propósitos que se hacen. El mío, el más inmediato es hacer ejercicio regularmente, no voy a escribir a diario porque dudo mucho que lo vaya a cumplir. No me gusta hacer ejercicio en verano. Me niego. No me gusta sudar en cero coma y estar muerta en uno coma, así que lo dejo para cuando llegue el tiempo más fresco. Parece que cuesta menos subirse a la bici, salir a correr o hacer flexiones. Así que haré acopio de mis cremas, de mi cuadro de ejercicios y en cuanto caiga la primera hoja anunciando el otoño empezaré a emular a Eva Nasarre.
¿Qué hay del idioma? Pues he empezado. Y lo he hecho con el francés, ¿por qué? Porque me gusta mucho más que el inglés que ya estudiaré a fondo.
Llamaré a las amigas que no he visto en verano y nos pondremos al día.
Sinceramente, me gusta la rutina. Me gusta tener planificada la semana y esperar con ganas el fin de semana. Lo que no tengo muy claro es que si estos propósitos sirven para algo. ¿Por qué paramos muchas cosas en verano? Estamos más despistados, viajamos, veraneamos...
¿Cuánto tenemos que esperar para comprobar que sólo nos hemos quedado en el propósito número uno? ¿Cuándo debemos tirar la toalla? ¿A principios de año cuando cojamos la lista del año nuevo?
A propósito, ¿tenéis alguno original?
(Las fotos son de Pinterest)






















