martes, 4 de octubre de 2016

Postureo

"Los lunes son menos lunes si llego a casa y me encuentro esto". Y se ve una caja de Louis Vuitton con un enorme lazo. Nada dice del contenido pero seguro que es algo carísimo y monísimo.

"Una parada para coger fuerzas y seguimos de shopping". Y se ve un vaso enorme de Starbucks y de fondo los escaparates de las tiendas.

"Trabajando un poco". Y en la foto vemos un escritorio blanco, con una silla blanca con agendas blancas, con una pantalla de un Apple enorme, un jarrón con flores y un calendario recordándonos el día en que estamos. Y yo me pregunto, en qué trabajas, ¿mirando al techo? Porque cuando yo trabajo hay más de un papel en la mesa y las flores es lo primero que quito. Pero claro, es para la foto. 

Ya me cansa seguir perfiles así en las redes sociales. Al principio me gustaba ver esas fotos, y me declaro culpable porque yo también he hecho ese tipo de fotos y no solo eso, las he publicado incluso. Con el tiempo las veo y con alguna me he ruborizado de la vergüenza que he sentido. Publiqué vasitos de Starbucks y nadie me dijo que años más tarde me sentiría ridícula. Publiqué regalos que me hicieron y fotografié comida. Sí, como si nadie comiera nada más que yo o si lo que publico es la primera vez que lo como.

En el programa de las Kardashian, Kris, la matriarca del clan, fotografía un plato de ensalada para colgarlo en la red. Su hija, Kim, le dice que fotografiar comida para colgarlo en las redes no es nada glamouroso y es una horterada. No sé si estoy de acuerdo con ella porque me encantan las Kardashian o si es porque tiene toda la razón. La foto de una ensalada que nos comemos qué quiere decir ¿como sano? ¿mira qué rico lo que voy a almorzar? No sé. 

Nos gusta el postureo. Nos encanta decirle a los demás, que llevan la misma vida que nosotros o incluso mejor, que también somos cool, que lo pasamos bien, que vamos a sitios guays. Y a los demás qué, ¿qué les importa a los demás? ¿Qué queremos dar a entender?

Actualmente sigo a ese tipo de personas porque llevo años haciéndolo y las conozco como si fueran amigas mías, pero ese tipo de foto me aburre y no me aporta nada. Me gustan más los perfiles de decoración, de gente que nos muestra sus looks para inspirarme, de viajes...

Por cierto, me he comprado una caja de macaroons para comerlos, no para hacerles una foto y colgarla. Me gustan desde que hace unos 10 años los probé en París y de vez en cuando me doy el capricho y de eso no presumo. Ni lo sabe nadie. 




viernes, 30 de septiembre de 2016

Termino y te llamo

Y sabes que no es verdad. Lo que pasa es que nos gusta ponernos límites porque no somos capaces de hacerlo en el momento.

Jugamos al "si la próxima persona que suba al autobús lleva un jersey rojo lo hago", y si no pues para la próxima.

Con lo fácil que es coger el toro por los cuernos y terminar con ese come come que no nos deja ser libres.

A mí me está pasando eso. Desde el pasado mes de abril tengo una llamada pendiente que sé que tengo que hacer, pero no me atrevo. Me da miedo obtener una respuesta desagradable de la otra persona, me da miedo a que se ría de mí, a que piense que soy ridícula...

Pero tengo que hacer esa llamada. Se la debo y cada día que pasa es peor. Y ese momento va a llegar, el día que menos lo espere, cuando ya no pueda más voy a coger el teléfono y voy a intentar decirle todo lo que me consume.

Y si pierdo pues pierdo y ya está. Pero si gano...

Venga, cuando me la termine te llamo...

Y esta vez sí. 


martes, 20 de septiembre de 2016

Otoño

El otoño es...

Un té mientras escribo. 
Es mirar fotos del verano y creerlo lejano.
Buscar una mantita para ver una película.
Es tomar un café mirando por la ventana mientras llueve.
Llevar una chaqueta porque ya no hace calor.
Ver las hojas doradas de los árboles en el suelo.
Merendar churros con chocolate algún domingo que otro.
Es leer un libro arropada.
Es hacer nuevos planes.
Es escuchar canciones románticas e imaginar que eso que tanto deseas va a pasar.
Es esperar los primeros copos de nieve.
Es estrenar abrigos, botas, sombreros, guantes...
Es guardar todo lo relacionado con el verano.
Es sentir el frío en la cara y sentirte vivo.
Es el relleno de borreguito.
Es la crema de zanahoria, y la de calabacín y la sopa...
Es...
Es...
El otoño es maravilloso. 






Imágenes: Pinterest. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cosas sobre mí

Actualmente vivo en Granada y estoy encantada.

Echo de menos a mi familia. No echo de menos a mi ciudad de origen.  

Me gusta leer y leo todo lo que puedo.

Me gusta escuchar música y me inspira para hacer montajes de fotos y vídeos.

No me gusta escuchar música por la calle porque me aisla tanto que necesito escuchar los ruidos de la calle.

Llevo cosas en el bolso que no necesito pero me gusta llevarlas.

Me he portado siempre bien con mis amigas. Ellas conmigo no. Me han traicionado.

Uso crema de manos desde que vivo en Granada. El clima me cambió la piel.

Me gusta subir al mirador de San Nicolás y sentirme afortunada. La Alhambra desde allí impresiona.

Me gusta escribir y tengo muchas libretas donde apunto frases que se me ocurren y escribo algún texto.

Me gusta ver vídeos en YouTube.

Fui presentadora y redactora en una televisión local y aunque me lo pasé muy bien no lo volvería a hacer.

Desde hace algunos veranos voy de vez en cuando a la playa nudista.

Me gusta mucho el color rosa, pero desde hace un tiempo estoy vistiendo con colores como el blanco, el negro o el gris. 

Me gusta hacer deporte porque mentalmente me sienta muy bien.

Me gustan los zapatos de tacón y adoro las bailarinas.

Me encanta el maquillaje y la cosmética.

He visto la serie "Sexo en Nueva York" mil veces. Y la sigo viéndola.

Tengo muchos documentales de diseñadores de moda y no me canso de verlos.

Me gusta mucho más el invierno que el verano. 

Me gusta la cerveza y el vino tinto.

Adoro la nieve.

Tengo un labrador retriever que se llama Fendi y solo me da alegrías.

No tengo hijos porque no quiero ser madre. No es un meta en mi vida. 

Lloro mucho menos que antes.

Mi marido y yo formamos una pareja estupenda.

Me gusta el cine.

Detesto a la gente falsa. 

No quiero recuperar amistades pasadas. No me interesa.

Tengo un sobrino de casi cinco años y lo quiero con locura.

No me gustan las tartas de cumpleaños.

Celebro los días importantes del año y no solo los señalados. Sino los significativos para mí.

Desde que pienso que cada día que vivimos puede ser el último exprimo más la vida y soy más feliz.

Tengo presentimientos que suelen cumplirse.

Doy segundas oportunidades. Tres no.

Creo en Dios. También soy rociera de corazón.

Me gusta mucho la gente que estoy conociendo actualmente.

Hago muchas fotos.

Grabo muchos vídeos.

Siempre he tenido mucha suerte en el amor.

No me gusta que me regalen ramos de flores. 

Soy romántica.

Sigo teniendo algunos miedos. He superado otros muchos.

Escribo en color rosa en mi agenda, en mi blog y en mis notas personales.

Soy muy agradecida. De hecho te agradezco que hayas leído hasta aquí.

¡Gracias!




miércoles, 7 de septiembre de 2016

Conversaciones pendientes

¿Cuántas conversaciones tenemos pendientes? Párate y piénsalo. 

Una conversación pendiente con aquella amiga que se enfadó sin motivo. Con una expareja que al dejar la relación se quedaron cosas sin decir y que ahora las dirías, con un exjefe que no te trató bien, con uno que te trató genial, con aquella persona que te dio una oportunidad y creyó en ti cuando nadie lo hacía...

¿Cuántas conversaciones tienes pendientes?

Yo tengo algunas, varias, muchas tal vez. Y no puedo cerrarlas todas, no puedo zanjar todos esos temas que han quedado colgados. Y no es por falta de ganas, o desidia, u orgullo. 

No.

No puedo mantener mi última conversación pendiente con una persona que fue importante porque ya no está. Ya no vive. Se fue y yo me enteré al año de su marcha.

Me enteré por una red social. Ayer, por la tarde. Quería saber de ella, cómo estaba, qué había estudiado, dónde vivía, cuántos hijos tenía...

Tenía.

Me impactó tanto la noticia que volví a 1994. Año en que nos conocimos y nos hicimos amigas. La amistad duró unos tres años, se rompió por un malentendido causado por la edad, éramos niñas, íbamos al colegio. Nos recogíamos cuando salíamos a las doce de la noche. Pero nunca dejé de tenerle aprecio, cariño.

Pasaron los años. Algo más de veinte y yo he tenido esa conversación pendiente en mi cabeza. Siempre pensé que el destino haría algo así como encontrarnos y hablaríamos. Pensé que gracias a las redes sociales sabríamos la una de la otra y que una de las dos nos diríamos algo. No ocurrió.

Y ahora tengo una rara sensación. Porque en mi cabeza había visualizado cómo sería esa charla. 

Quiero creer que ella, desde donde está, sabe lo que siento y todo lo que quería decirle, que si no se podía recuperar la amistad al menos que supiera que jamás le guardé rencor y que me alegraba por todo lo que había conseguido en la vida. Me tranquiliza saber que ella lo ve y lo sabe. 

Debemos zanjar temas pendientes, sobre todo si son temas para pedir perdón o agradecer algo. 

Creemos que tenemos toda la vida por delante y es tan frágil...

¿Empezamos ya? 




viernes, 2 de septiembre de 2016

Volver...

A septiembre. Volver a empezar lo que para algunos es el comienzo del nuevo año.

Volver a la rutina normal del trabajo, las clases, los cursos, los propósitos.

Volver a emprender nuevos proyectos o retomar los que dejamos en el cajón el mes de junio.

Volver a poner al día la agenda de llamadas pendientes, a intentar recuperar las quedadas con amigos que nos hacen reír, que nos cuentan sus cosas, que son confidentes.

Volver a probarnos la ropa que dejamos colgada en marzo. Y sonreír porque todavía nos queda bien. O llorar y buscar en el cajón donde tenemos la propaganda de comida rápida, aquella publicidad de ese estupendo gimnasio.

Volver a pensar en la caída de las hojas. Hojas doradas que cubrirán los parques por donde pasearemos. Por las calles donde va la gente con prisa. Esa misma gente que hace poco días estaba tumbada en la playa. 

Volver a hacer lo mismo que todos los septiembres. 

Volver, volver, volver...

¿Volverás a llamarme? 

viernes, 26 de agosto de 2016

Hablar con Dios

Por casualidad en YouTube vi un vídeo de una chica que no sigo, pero el título me llamó mucho la atención. 

Decía que no se sentía feliz. Decía que lo tenía todo para ser feliz o al menos pensaba que lo tenía todo. Tiene un marido que la adora, unas niñas preciosas, una casa que le encanta y un trabajo que le apasiona. Pero no se sentía del todo feliz. Llegó a la conclusión que se había alejado de Dios, ella que es cristiana y que siempre había hablado con Él se había alejado del que considera su centro. El centro de su vida.

Hasta que llegó el día en que dijo "hasta aquí llegué", se plantó y le contó a Dios lo que le pasaba, lo que sentía, por qué lloraba, por qué se sentía infeliz, por qué si tenía todo lo que quería. 

Y empezó a encontrarse mejor. Leyendo los comentarios de ese vídeo sabía lo que me iba a encontrar. Gente creyente que considera que Dios la ayudó, le indicó el camino, le dio esa paz que tanto necesitaba. Y gente que, no es creyente, que se burla de las creencias de los demás y le decía que ese mérito era suyo y solo suyo, hasta que no se plantó y decidió cambiar no lo consiguió y Dios no tiene nada que ver con esto porque ¿existe? ¿ayuda realmente una fuerza que no vemos ni controlamos?

Yo soy creyente. Creo en Dios. No voy a misa, no me gustan los curas, las monjas no me caen bien, pero entro en la iglesia de vez en cuando, me siento en un banco y hablo con Dios. Hablo de lo que me preocupa, de lo que quiero mejorar, doy las gracias por lo que tengo, por cómo soy, por lo que he conseguido, por tener a mi familia sana y unida. Y me siento mejor al salir. Me siento en paz, con otra energía.

No puedo asegurar que existe Dios porque no lo he visto físicamente, pero tampoco puede asegurarme nadie que no cree que no existe, porque tampoco nadie se lo ha demostrado.

Llámalo Dios, fuerza, ser...como quieras, pero respeta las creencias de los demás. Respeta que los que creemos en Dios nos guste hablar con él. Respeta que si nos va bien en la vida digamos "gracias a Dios".

He visto a deportistas de élite santiguarse antes de marcar un gol y mirar al cielo cuando consiguen un tanto o una copa.

He visto a estudiantes llevar estampas de santos a la hora de hacer un examen. 

He visto a gente que no es cristiana rezar cuando un familiar está en un hospital y agradecerle a Dios la curación. 

He visto a gente que asegura no ser cristiana hacer promesas a Dios porque se siente con el agua al cuello.

He visto y veo a mucha gente joven entrar en una iglesia y hablar con Dios, pedir, rezar, agradecer...

No sé si existirá Dios. Para mí sí porque me da lo que le pido, porque me reconforta, porque siento que me indica el camino y si no es así...oye, no me va nada mal tener esta religión y creer en Él. 

No intento y nunca lo he hecho convencer a nadie de lo que creo y en quién creo. Eso se descubre, eso te llama. Pero respeto a quien no lo hace, a quien tiene otras ideas, a quien cree en otras deidades. No me río, lo respeto. Porque si les va bien ¿significa que no existe su dios?

El mío para mí sí existe y espero que me acompañe y escuche siempre.