sábado, 8 de diciembre de 2012

Otra historia.

La que ha liado el Papa. Vamos, no tenía una cosa mejor que hacer que ponerse a desmontar el Belén y a darle un lugar de nacimiento a Sus Majestades Los Tres Reyes Magos. Pienso que lo del Belén es porque no tiene espacio suficiente y como le sobraban figuritas, ea, no se hable más, el buey y la mula fuera. Vamos, digo yo que es preferible prescindir de algunos pastores, pero no, los animales más entrañables los saca de un plumazo.

Pero lo que me toca la nariz es el tema de los tres reyes. Da igual de donde fueran, ¿Van a ser mejores? ¿Peores? ¿Se nos va a acabar la ilusión porque sean andaluces, vascos o madrileños? El tema está en el chiste manido y con poca gracia que se hace de todo esto. Estaba claro, muy claro, que los chistecitos fáciles iban a salir a borbotones.

Según Su Santidad y su interpretación de las lecturas, los Reyes Magos provenían de Tarsis concretamente aunque comentan también que no podrían ser sólo de Huelva, sino de Cádiz y Sevilla. 

Soy de Huelva y podría estar loca de contenta, orgullosa tal vez. Lo que no me gusta ya son las descalificaciones. El que fueran de aquí no significa que es normal porque no les gustaban trabajar. A ver, nosotros los andaluces nos levantamos a las 6 de la mañana para ir a trabajar. ¿No nos gusta la fiesta? Nos encanta, la vivimos a tope, la disfrutamos y ansiamos un puente o un fin de semana como cualquier persona  porque trabajamos y porque sabemos divertirnos. 

No me extraña que los Reyes Magos fueran de aquí porque tenemos un clima envidiable, unas provincias preciosas, se vive divinamente, la gente es simpática y hospitalaria y si hablamos ya de lo que los reyes podrían llevarle al niño no llevarían tres cositas, no, llevarían un montón de ellas y necesitarían un tráiler para transportarlas. 

Y es que Andalucía es tierra de actores, pintores, escritores, periodistas, cantantes...y de Reyes Magos. 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Alma Aguilar

No tengo ni idea de moda, se lo que me gusta y lo que no, lo que me queda bien y lo que no me hace justicia. Me encanta la revista Vogue y los documentales de grandes diseñadores que colecciono en cuanto alguno de ellos caen en mi manos. 

Hace poco tiempo mantengo una relación cibernética con Alma Aguilar. Mi relación no empezó porque quise comprarle alguna de sus maravillosas prendas, sino porque le escribí un correo personal y sin esperarlo me respondió.

No fue una respuesta de dos líneas, con eso ya me hubiera conformado, fue un correo casi tan largo como el mío y quien me conoce sabe que mis correos son lo más parecido a editoriales o testamentos. Si, si escribo un correo es para contar cosas, no para escribir dos líneas.

El caso es que entre comentarios, correos y su fabuloso blog he descubierto una parte de esta creadora. Una parte que gente más o menos relevante, más o menos importante no tiene. Al menos lo que he visto en documentales o en entrevistas. 

Es ese "divismo" que creo que en algunos casos es aprendido, porque si no es así, que horror. A mi me gusta la gente sencilla sea cual sea su profesión. No creo que por ser una diseñadora, presentadora o actriz de éxito por ejemplo, haya que ser prepotente y hasta antipático. Por eso la cercanía que muestra Alma Aguilar con sus comentarios, sus mensajes me parece algo tan bonito, tan natural, que merece ser reconocido. Su blog es cercano, cuidado, bonito y al leerlo puedes hacerte una idea de como es. A veces Alma ha comentado que sus post son largos pero a mi se me hacen cortos y me deja siempre con ganas de saber más. 

Estamos en continua evolución, nos fijamos en los demás y copiamos conductas, formas de ser, pero a veces, pasamos por alto que la sencillez y la naturalidad es algo que está de moda y con el tiempo sigue gustando. Y mucho. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Una tarjeta, por favor...

Parece ser que cada año llega antes la Navidad. Dentro de nada aflorarán nuestros mejores deseos. Hace como unas semanas llevo viendo catálogos de juguetes. Reconozco que ya estoy pensando en los regalos que voy a hacer. Me gusta regalar en Navidad, me gusta  dar mi regalo el día 25. Lo que no me gusta es recibir en mi correo electrónico esas felicitaciones navideñas. 




No, no quiero esas felicitaciones electrónicas tan impersonales. Quiero que el cartero que me trae las facturas de la luz, el agua, la publicidad incitándome a comprar me traiga una felicitación de Navidad. Quiero ese Christmas, (no me gusta nada esta palabra), con su purpurina, con sus angelitos, sus ovejas, su pesebre, su niño Jesús regordete, el buey, la mula, la estrella anunciadora y una frase deseándome "Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo"...quiero todo eso y no lo voy a tener. 

Y por qué no lo voy a tener. No lo voy a tener porque ya no dedicamos tiempo a buscar una tarjeta bonita, ya no nos hace ilusión ponerle un sello y enviarla para que llegue a tiempo. Ya no le damos el valor que tiene. Y a mi me gustan tanto...




Las quiero poner colgadas en mi árbol de Navidad, ponerlas luego en mi panel de corcho donde tengo las fotos importantes para mí, las fotos bonitas, las fotos que quiero ver cada día.

Así que creo que este año, voy a comprar tarjetas de Navidad (no, no voy a llamarlas Christmas, que nombre tan horrible) y, o las envío o las colgaré de mi árbol. Así que este año tendré, roscos de vino, bombones, regalitos, algún que otro villancico de fondo y mis felicitaciones en forma de tarjeta.

Así soy yo, nostálgica y de costumbres...


(Fotos: Pinterest)

martes, 6 de noviembre de 2012

¿Qué quieres ser de mayor?

Hay profesiones totalmente vocacionales, curas, monjas, periodistas, médicos, enfermeras...Profesiones donde la entrega al trabajo debe ser incondicional, total. 

Dicen los curas y las monjas que en su momento recibieron la llamada de Dios y su amor al prójimo les hizo abandonar la vida normal para entregarse a la vida espiritual para estar más cerca de los necesitados y dar consuelo. 

¿Qué tipo de llamada recibe el sector sanitario? Tengo a un familiar muy cercano en el hospital. Está muy mal y estamos muy preocupados. No somos la típica familia plasta que da la lata por tonterías, no estoy hablando de un mal paciente. Hemos tenido la mala suerte de dar con un equipo de enfermeras que no se todavía que pintan ahí. Son antipáticas, desagradables y muy maleducadas. Les molesta que las llames, ponen mala cara cuando le hemos pedido asistencia.



No queremos que vengan cantando porque no tenemos ganas de cantar y tampoco es su misión, queremos un buen trato. Porque son enfermos los que están ahí, no estamos de vacaciones en ningún hotel, no estamos de crucero. Cuando dicen "ahora mismo" échale, puede pasar media hora perfectamente para que acudan. 

Afortunadamente no todas son así, pero esa clase de "enfermeras" deberían estar más vigiladas. Y lo están, porque hemos hablando con la supervisora de planta. Pero claro, hay que aguantar la mala educación. Esta opinión es colectiva, porque cuando llevas tiempo con un familiar ingresado pues haces migas con los vecinos de habitación y sienten el mismo apuro a la hora de llamarlas por la cara de acelga que te ponen. 

Mi tía es enfermera en otro hospital. Alucinaba con esa forma de ser y comentaba "es que las hay con vocación y otras que han visto que en su momento la enfermería tenía mucha salida laboral" Pues es muy triste que te toque el equipo amargado con su trabajo y que van a cumplir las 8 horas del turno y punto. 



No hay que preguntarle al niño qué quieres ser de mayor, hay que preguntarle que si realmente está preparado y capacitado no solo para trabajar sino para ayudar. Porque son profesiones donde no sólo se requiere unos conocimientos, sino ayuda. 

Un mensaje para esas enfermeras que se quejan, protestan y que para nada les gusta su trabajo, "Dejen el sitio para los que verdaderamente lo quieren, lo viven, les gustan" y vosotras pues a otra cosa, mariposa. 

Por el contrario tengo que decir que no todo es malo también tuvimos la suerte de conocer a otros turnos donde el personal  era un encanto. 

¿Tan difícil es ser amable?





(Fotos:Pinterest)

domingo, 28 de octubre de 2012

Creer o no creer

Nos pasamos la vida creyendo. Cuando nos venden un tratamiento milagroso contra las arrugas, queremos creer que nos funcionará. Creemos en esas dietas milagrosas con nombres difíciles de recordar. Cuanto más sofisticado sea el nombre de la dieta, de la crema, o del producto en cuestión más nos creemos que va a funcionar. Cómo no va a hacerlo con ese precio o ese nombre...

Pero no voy a hablar de cremas caras. Sino de dos creencias que tiene sus fieles y sus detractores. El champú de caballo y la Ley de la Atracción.

Prometo que jamás he probado el champú de caballo, ni siquiera he estado tentada. El mencionado champú promete un cabello más fuerte, con más brillo, favorece el crecimiento, evita la caída...y está destinado para uso veterinario. Lo mismo que no como la comida que le doy a mi perro, porque está destinada para él, tampoco iba a exponer mi cabellera a tal producto. Creo recordar que Antena 3 emitió un programa sobre este producto. Los casos. La mayoría decía que era una estafa, no habían notado nada bueno, al contrario, irritación, pérdida de pelo, aspereza en el cabello...La opinión del veterinario, "es un producto destinado para el pelo de un animal, con un ph diferente al del ser humano y es perjudicial para la salud". Sin embargo otras personas declaraban que estaban encantadas con este producto porque su pelo seco, apagado y frágil había cambiado por completo. ¿Fue el champú o intervino algún otro factor?




La conocidísima Ley de la Atracción. Los artífices han escrito libros, hecho películas, dado conferencias y una vez que ves todo esto piensas "si me concentro en mi deseo y todos los días le dedico un ratito a mi sueño, el universo me lo dará" A ver, no creo que esto sea así, porque si así fuera ¿no tendríamos todo lo que deseamos? El universo, ¿nos da lo que queremos si lo pedimos con fuerza e ilusión? Pienso que son necesarios algunos comentarios positivos y experiencias buenas para creer con los ojos cerrados. En este apartado tengo que decir que tengo una amiga que cree en la mencionada fuerza, las cosas no le van mal y ella piensa que funciona. La vida da cosas buenas o malas ¿no? Si le echamos la culpa al destino de la mala fortuna, de la buena la responsable ¿es la ley de la atracción? o forma parte de la vida misma con su altos y sus bajos. 

El champú de caballo y la ley de la atracción ¿negocio para recaudar? ¿Necesitamos creer en algo cuando no le buscamos solución de otro modo? 

Creer o no creer ¿es esa la cuestión? ¿Lo necesitamos?



(Fotos: Pinterest)



domingo, 21 de octubre de 2012

Un buen final

Me gustan las películas que no tienen un final previsible. En las románticas ya sabemos cómo va a acabar la cosa, quedan juntos para siempre. En la de buenos y malos, ya sabemos que el bueno puede con el malo malísimo que resulta ser hasta feo. En las de intriga nos tienen asustados todo el rato para que al final una persona, como mucho dos, resuelvan la situación. En las de miedo no lo se porque como no me gusta no las veo.



Hace unos días vi una romántica. Me gustan. Soy piscis. El argumento lo resumo de esta forma. Una chica de 37 años para mi gusto fea (Uma Thurman) al divorciarse acude a una terapeuta. Sigue los consejos de vivir la vida, de abrirse al amor y conoce a un chico de 23 años. Las dudas vienen cuando tras unas cuantas citas él le rebela la edad. Dudas, temores, preguntas...pero siguen. ¿Que pasa con el paso del tiempo? Pues que ella necesita otra cosa, ya pasó por esa época, ahora quiere alguien más maduro. Él hace cosas propias de un chico de su edad pero la quiere. Al final, ella dice que lo quiere y por ese motivo deben romper. Ella dice que él se merece a alguien de su edad con la que formar una familia porque ella no quiere eso en su vida. 



Un final diferente. Un final normal. Un final lógico. ¿Seríamos capaces de decirle a nuestra pareja que lo queremos tanto que queremos lo mejor para él y por eso lo dejamos? ¿Por qué en muchas películas el final es tan previsible?



(Fotos: Pinterest)

domingo, 7 de octubre de 2012

¿Comemos?

Tengo un Whatsapp de mi amiga preguntándome cuándo vamos a quedar para comer. Y es que tenemos que hablar de nuestras cosas y tenemos que hacerlo comiendo. Podíamos hablar por teléfono, enviarnos algún mensaje por Facebook, al móvil, pero no, a nosotras nos gusta hablar mientras comemos. Además, es muy divertido.




Y esto me pasa con mucha más gente, la típica pregunta ¿comemos juntos? forma parte de mi vocabulario habitual, de mi forma de ser, de nuestra forma de comunicarnos. El sitio da igual, da lo mismo ir a un chino, italiano, de tapas, de montaditos....

Lo importante es quedar, hablar por los codos, ponernos al día. Y todo es más divertido si comemos. Llevo quedando para comer no se ni el tiempo, he tenido almuerzos cortitos y otros descomunales, de los que empiezas a las tres de la tarde y te vas a casa a las ocho. Y es que lo importante es compartir, intercambiar opiniones y gustos, volver con la sensación de que conoces más a esa persona y ese dolor en la cara de tanto reír...




Por qué nos gustará tanto comer...


(fotos: Pinterest)