lunes, 4 de enero de 2016

Propósitos

La palabra más leída y escuchada antes de que finalizara 2015 fue "propósitos". Pequeñas o grandes metas que nos ponemos cuando comenzamos un nuevo año. Bueno, no me incluyo en ese grupo porque yo no me propongo nada en especial. Para mí siempre hay algo que alcanzar, mejorar, superar, olvidar...

No tengo que proponérmelo, es algo que siempre está ahí. Y no espero a empezar un nuevo año. Ya el comienzo de un mes nuevo podría servirnos para ese momento en el que decimos "no pasa de aquí que no haga esto o lo otro".

Deberíamos hacer esos propósitos a corto plazo. Por ejemplo propósitos semanales, mensuales, trimestrales, pero los anuales me dan pereza. Porque al tener un año completo para hacerlos no nos ponemos a ello. Lo vamos dejando y cuando termina el año empezamos el siguiente con los mismos propósitos que el año anterior.

Además, a mí me crea mucha ansiedad eso de hacer una lista con todo lo que quiero cumplir en un año. Eso de darme cuenta de todo lo que me gustaría hacer y que todavía no he hecho me frustra. Prefiero el desarrollar una actividad cuando me apetezca empezarla. Estudiar cuando realmente tenga ganas. Ir al gimnasio porque verdaderamente me funciona mejor para el cerebro que para mi físico, leer el número de libros que me apetezcan y cuando me apetezcan...

Lo que sí he dejado en el año pasado ha sido a esas personas tóxicas. Esa gente que no aporta nada. Para ese tipo de personas sí les doy el año porque todos nos podemos equivocar. Un año me parece suficiente tiempo para recapacitar, pedir perdón, echar de menos incluso. 

He dejado a esas personas ahí, olvidadas en 2015. Y borradas de mi móvil y de mis redes sociales. Sus fotos archivadas y los recuerdos sin ser recordados.

Y así he empezado 2016 sin más lista de propósitos que hacer lo que me apetezca cuando realmente me apetezca, aportando ganas e ilusión. Da igual que sea una lista de dos cosas o de mil. Lo importante es mirar atrás cuando termine este año y decir "ha sido un año con sus cosas buenas y sus cosas regulares, pero he sido feliz y puedo contarlo".

martes, 29 de diciembre de 2015

2015. Mi balance.

Hablaba el otro día con una amiga sobre este año que se va y decidimos, sobre diez, ponerle nota. Yo lo tuve clarísimo, mi nota un 10 sin peros ni nada. La de ella un 3.

Le digo "¿Solo un tres? Me dice "Sí, no puedo aprobarlo ni raspado". A ver. La puedo llegar a entender. Cada uno cuenta la feria como el va. Y a ella, esta feria que le ha durado un año no le ha ido muy bien. Tiene trabajo y salud. Le falta el amor y las amistades. Le pone ilusión en todo lo que hace, no es pesimista, pero tiene un punto de conformismo que hace pensar que parece que ha tirado la toalla en los aspectos en los que no es feliz.

El amor llega. Hay que pensar que llega. Y puede hacerlo en cualquier momento o en cualquier día. Las amistades se van, te dejan, te abandonan sin saber qué has hecho mal, te decepcionas...pero al igual que el amor, otras amistades vienen y esas o hacen lo mismo que las anteriores o con la madurez se convierten en "los mejores amigos" que jamás tuviste.

Le di ánimos. No hay rachas malas para toda la vida. Las buenas hay que vivirlas y sentirlas a tope y las malas sufrirlas y esperan a que pasen, porque lo hacen.

Mi balance ha sido de 10. He cumplido un año viviendo en la preciosa ciudad de Granada, he conocido a nuevas amistades que me aportan cosas interesantes, gustos diferentes, miras distintas, desarrollo el trabajo que me gusta y por el que me preparé y he vivido experiencias inolvidables. 

A este año le agradezco el montón de kilómetros que me separa de gente que me han defraudado porque no solo se han quedado en el pasado, sino lejos en distancia de mí. 

Y afronto el nuevo año con ganas y con ilusión. Quiero lo que todos, que me traiga cosas buenas, que sea un buen año y si viene con alguna racha regular esperaré a que pase porque las buenas también vienen. 

Feliz 2016. 





Fotos: Pinterest. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

Mochilas

Pocholo buscaba con ansia su mochila y yo me deshago de ellas. Las mías son las mochilas emocionales y tengo la costumbre de coger una para cada cosa. La mochila de los amores frustrados, la de las amistades que merecen la pena, la de las que no, la de la familia, la de las cosas que hicimos y la de las de cosas que se quedaron sin terminar. Esas.

Hace un año me mudé de ciudad, de casa, de trabajo y de amigos. Me traje conmigo todas mis mochilas. Me he deshecho de la mochila donde estaban las amistades falsas. Me ha costado casi 15 años darme cuenta que no eran verdaderas. Ha costado 15 años que se les caiga la máscara. Han sido casi 15 años de mi vida compartiéndola con gente que no merece la pena y yo me los traigo en mi mochila. La he tirado al río Genil. Está en Granada, donde vivo. 

Al principio duele descolgarse del hombro esa mochila, pero al final ves que vas más ligero y ese espacio puede ocuparlo algo realmente importante o interesante. Y se trata de que seas feliz llevando el peso que elijas. Y yo elegí no llevarlos a ellos. Los 15 años de amistad falsa también los tiré junto con las ganas de hablar del tema, los reproches, las respuestas ingeniosas que se me ocurren en mi discusión imaginaria...

Prueba. Hazlo. Elimina de tu vida aquello que no te deja continuar. Aquello que te borra la sonrisa, que te preocupa. Aquello que ocupa parte de tu pensamiento, eso que nubla lo que parecía un día radiante. Da igual. Esa gente quedó en el camino (o en el puente donde tirarte la mochila). Esa gente no se preocupa por ti, le da igual si estás bien o simplemente estás. Deja ese sitio a personas que verdaderamente tiene ganas de saber de ti, no solo en tu cumpleaños.

Cambia de trabajo en cuanto puedas si el que tienes no te hace feliz. Con ese familiar con el que rozas o hablas o pasas, dale la importancia que merece. Los amores frustrados son eso, amores que no eran para ti, no merece la pena. Las cosas que no hiciste las puedes hacer todavía porque estás vivo y las que se quedaron sin terminar, o las terminas o las das por terminadas y te centras en otra cosa. Se trata de ir ligero, de no arrastrar cosas por hacerlo, por miedo o pena a dejar un pasado. El pasado es eso, pasado y es mejor afrontar el presente y esperar al futuro con sitio donde guardar cosas chulas y que te hagan feliz.

De verdad, cuesta al principio, pero una vez que te deshaces de ese peso, oye, qué ligero vas y qué bien.



(Foto: Pinterest) 

sábado, 17 de octubre de 2015

Mi parte romántica

Cada vez que mi amiga me dice "estoy en crisis" significa que me va a contar algo delante de una cerveza o de un café. Esta vez su crisis vino casi al medio día y ya no era hora de café. Así que cerveza, unas tapas y a hablar. Antes de contarme su crisis me advirtió que dejara mi parte romántica en la puerta. Necesitaba la opinión dura y pura del drama que venía a continuación.

Y para mí es un drama porque se trata del corazón, del amor, de sentimientos.

Una crisis económica se sobrelleva y se supera, no lloras, te sientes fastidiada, nadie te rompe nada (bueno, sí, te rompen el ritmo de compras). Pero la crisis del corazón, la de los sentimientos, esa, es la peor. Lloras, no ves una salida cercana, todo es azul oscuro casi negro, y tienes un corazón roto.

La cerveza no es el pegamento para unir esos pedacitos pero suelta la lengua y puede aclarar los pensamientos.

Yo no dejé el romanticismo en la puerta porque me niego a creer que no exista una parte romántica en cualquier historia donde hayan estado presente los cuerpos y los sentimientos.

Resumiendo, mi amiga conoce a un hombre, él le deja claro que solo es sexo, que nada de sentimientos y ella acepta, pero los encuentros son numerosos, no solo quedan para hacer el amor sino que se lo cuentan todo, problemas laborales, de familia, de salud, sueños, ilusiones, ganas de verse el uno al otro, intercambio de fotos de todo tipo...besos al móvil de madrugada y por la tarde, buenos días y buenas noches...

Y llega el no controlar la situación. Él se retira sin decirle buenas noches y no le da los buenos días. Meses más tarde recibe un mensaje de "no me olvido de ti", vuelve el silencio y más silencio y muchos meses más tarde otro mensaje de "me he acordado mucho de ti, cómo estás y quiero hacerte el amor".

Exacto. Le dije a mi amiga que él siente algo por ella. Que sigue en su vida.Que no quiere reconocer la verdad, porque no tiene necesidad de querer estar con ella cuando está con la que quiere. Y sé que no debería decirle esto a mi amiga porque ella sí que siente algo por él de verdad. Tiene aún esperanzas de conquistarlo del todo y que llegue ese mensaje de "no quiero perderte, eres todo para mí y quiero estar contigo". Y mientras que eso llega, si llegara algún día, aquí estamos bebiendo cerveza e intentando comprender por qué ese comportamiento. Ese ni contigo ni sin ti, ese ni como ni dejo comer. 

Ella me pide que piense como un hombre pero eso es imposible. Entiendo que solo puede ser sexo, que él no quiera nada con ella formal, pero también entiendo que cuando ya se tocan otros temas como la vida personal, forma de ser, ya pueden aflorar otros sentimientos. Si hay mensajes a deshoras, fotos de cosas que ven que les gustan y lo quieren compartir, creo que hay algo más. Si pasa el tiempo y vuelve...

Le pregunté a un amigo y me dijo que él no quiere nada con ella, que el enamoramiento o algo parecido no llegará nunca. ¿Cómo puede decir eso? ¿Cómo se puede separar el sexo de sentir algo? Lo podría entender si solo quedaran para eso y nada de involucrarse en la vida del otro, pero esa línea ya se pasó y lo mismo que se cruzó al otro lado el corazón puede cruzar también.

Creo que le di esperanzas porque no creo que él no sienta nada por ella. Mi parte romántica cree en el destino de las personas, en la unión de dos corazones que si se conocieron y no se han dejado es por algo. 

Hombres y mujeres. Somos tan diferentes y tan parecidos.

Mi amiga sigue en crisis. Y tiene pinta de ser duradera...

sábado, 12 de septiembre de 2015

Tengo un plan.

Te propongo un plan. Tú eliges.


Ríe a carcajadas.
Llora con ganas.
Baila sin parar.
Canta hasta quedarte sin voz.
Escucha música.
Haz fotos.
Cómete ese pastel que tanto te gusta.
Cómprate unos zapatos o un bolso.
Vuelve a ver esa película que te hizo sentir cosas.
Lee un libro en un banco de una plaza o en una cafetería.
Llama a esa persona y dile que la echas de menos, mañana tal vez sea tarde.
Colorea mandalas. Relajan mucho y despiertan la imaginación.
Dicen que el chocolate produce acné y también felicidad. Cómelo y compra una crema para los granos.
Pon flores bonitas en casa. 
Acércate a ver la inmensidad del mar. 
Sube a una montaña y grita desde lo alto.
Cocina para ti o para más personas.
Abre una botella de vino y brinda por ti, tu felicidad, las cosas que te gustan y las que no.
Regálate un rico perfume. Y maquillaje. 
Compra tarjetas bonitas con mensajes o imágenes. Son para ti.
Ve a un museo. A ver una exposición.
Párate en la calle a escuchar a esos músicos callejeros que te regalan su música. Y su voz.
Decide por ti.
Ama con ganas. Odia a ratos. 
Hazle hueco en tu casa a cosas bonitas.
Vive.
Y quiérete.
Quiérete mucho.

Algún plan de estos que te he dicho tal vez te apetezca hacerlo.

¿Lo hacemos? ¿Lo intentamos?





jueves, 13 de agosto de 2015

Un roto para un descosido

No siempre hay un roto para un descosido. No siempre conocemos a nuestra pareja perfecta, no siempre estamos acompañados, no siempre hay ese alguien especial que nos está esperando. Y hay que ser consciente de eso.

Solemos decir "siempre hay un roto para un descosido" cuando una persona ha tenido un fracaso sentimental y al tiempo está con esa persona que le ha devuelto las ganas de vivir. 

Mientras que he escrito esta última frase se me han venido a la cabeza preguntas como ¿fracaso sentimental? ¿alguien puede devolverte las ganas de vivir? ¿no eres tú quién debe tener esas ganas y buscarlas en ti en vez de en otra persona?

Bueno, que me voy del tema. Volvamos a los rotos y a los descosidos. 

Tengo un amigo que es un bombón. Un bombón relleno. Un bombón que cuanto más lo pruebas más te gusta y te da por pensar qué puñetas hace que no está con otro bombón como él. Mi amigo el bombón tiene 47 años, tiene un buen puesto de trabajo, tiene un piso muy bonito y muy bien decorado, es soltero, no tiene hijos y vive en Madrid. Mi amigo el bombón es muy simpático, agradable en su conversación, culto, le gusta la gastronomía, salir a tomar cañas, tapas y copas, viste bien, mide 1,80 cms y quiere enamorarse. Mi amigo el bombón no es guapo, es corriente pero a que ya eso da igual después de haber leído lo importante. Lo importante es su forma de ser. ¿Tiene algún fallo? Seguramente, como todos, el que yo le veo es su exigencia a la hora de elegir pareja. Quiere una buena mujer, simpática, agradable, divertida, cariñosa, romántica y que no tenga hijos. Ha viajado y viaja mucho, se acerca a las chicas para entablar conversación y conocerlas y...nada. No surge nada. Está abierto a compartir su vida con su descosido ideal y no lo encuentra. Ha llegado al punto de que no le preocupa, que está a gusto con su soledad y no descarta ser un roto para siempre. 

Mi madre tiene una amiga que ya está harta de conocer a descosidos que se cosen con otras o que ya venían cosidísimos de fábrica. Y hablo de una mujer independiente económicamente, simpática, agradable, que le gusta vivir la vida, entrar, salir...y nada. No hay descosido en condiciones para ella. Y prueba, y busca, y se decepciona, y llora y...lo vuelve a intentar.

Podría emparejarla con mi amigo el bombón, pero ella es mayor que él unos años y mi amigo la quiere más joven que él y porque a mí, el trabajo de Celestina jamás se me dio bien.

Así que no es cierto eso que dicen que siempre hay un tiesto para una maceta. Porque no, no lo hay. Puedes ser una flor muy linda pero tu tiesto aún no ha nacido o está soportando a un cardo borriquero. 

Además, solo también se está muy bien ¿no? Podríamos aprender a vivir y a estar así. Y aceptar que la mejor relación que podemos tener es con nosotros mismos.




viernes, 24 de julio de 2015

Nudismo

Desnudamos antes el alma mostrándola tal y como es que el cuerpo. Cuando debería ser al revés. No nos avergüenza mostrar lo que sentimos, lo que odiamos, lo que deseamos, los puntos débiles de nuestro ser, los fuertes...y sin embargo nos cuesta mostrar la piel arrugada, flácida, la barriga, las imperfecciones de un cuerpo que no es perfecto y que se deteriora con mucha facilidad.

He estado un par de veces en una playa nudista. No quise ir, pero mi marido quería sentir la total libertad y él ya había ido anteriormente. Así que lo acompañé. Confieso que soy una naturista a medias, porque solo me deshice de mi parte de arriba del bikini. Y me costó mucho ir hasta la orilla del mar incluso darme un baño. Pensaba que todo el mundo miraría mi no perfecto cuerpo. Pero si yo no miraba a los demás ¿por qué ellos iban a mirarme a mí? El naturista no va a mirar a los demás. No. El nudista va a relajarse, a sentirse libre como nació. No le importa cuánta grasa acumula la persona de la sombrilla contigua o la cantidad de horas de gimnasio del que está un poco más allá.

Iba cogiendo confianza con el paso de las horas. Me levantaba, iba a la orilla, me bañaba y me hacía fotos para mí. Esas fotos no se comparten en ninguna red social. 

Allí, en la playa nudista, pude ver claramente lo que en realidad somos. Vulnerables y todos iguales. Puedes ir andando por la calle con tu vestido bonito, tus zapatos nuevos y tu precioso bolso e ir mirándote en todos los escaparates creyendo y pensando que eres lo más. Aquí, sin nada que mostrar, excepto a ti, eres una persona igual que otra, sensible, fuerte, débil...pero con un cuerpo igual que otro y no eres más que nadie, nadie imagina a qué te dedicas o si te gustan las compras. No hay bañadores de Victoria's Secret ni de Pedro del Hierro. No. Hay un cuerpo lleno de imperfecciones al que se le puede dañar muy fácilmente. 

Seguramente volveré a una playa así, no para descubrir al ser humano. Ya lo conozco bien. Volveré para sentir la libertad sin que nada oprima mi cuerpo imperfecto. 

Pruébalo y ya me cuentas.