viernes, 2 de septiembre de 2016

Volver...

A septiembre. Volver a empezar lo que para algunos es el comienzo del nuevo año.

Volver a la rutina normal del trabajo, las clases, los cursos, los propósitos.

Volver a emprender nuevos proyectos o retomar los que dejamos en el cajón el mes de junio.

Volver a poner al día la agenda de llamadas pendientes, a intentar recuperar las quedadas con amigos que nos hacen reír, que nos cuentan sus cosas, que son confidentes.

Volver a probarnos la ropa que dejamos colgada en marzo. Y sonreír porque todavía nos queda bien. O llorar y buscar en el cajón donde tenemos la propaganda de comida rápida, aquella publicidad de ese estupendo gimnasio.

Volver a pensar en la caída de las hojas. Hojas doradas que cubrirán los parques por donde pasearemos. Por las calles donde va la gente con prisa. Esa misma gente que hace poco días estaba tumbada en la playa. 

Volver a hacer lo mismo que todos los septiembres. 

Volver, volver, volver...

¿Volverás a llamarme? 

viernes, 26 de agosto de 2016

Hablar con Dios

Por casualidad en YouTube vi un vídeo de una chica que no sigo, pero el título me llamó mucho la atención. 

Decía que no se sentía feliz. Decía que lo tenía todo para ser feliz o al menos pensaba que lo tenía todo. Tiene un marido que la adora, unas niñas preciosas, una casa que le encanta y un trabajo que le apasiona. Pero no se sentía del todo feliz. Llegó a la conclusión que se había alejado de Dios, ella que es cristiana y que siempre había hablado con Él se había alejado del que considera su centro. El centro de su vida.

Hasta que llegó el día en que dijo "hasta aquí llegué", se plantó y le contó a Dios lo que le pasaba, lo que sentía, por qué lloraba, por qué se sentía infeliz, por qué si tenía todo lo que quería. 

Y empezó a encontrarse mejor. Leyendo los comentarios de ese vídeo sabía lo que me iba a encontrar. Gente creyente que considera que Dios la ayudó, le indicó el camino, le dio esa paz que tanto necesitaba. Y gente que, no es creyente, que se burla de las creencias de los demás y le decía que ese mérito era suyo y solo suyo, hasta que no se plantó y decidió cambiar no lo consiguió y Dios no tiene nada que ver con esto porque ¿existe? ¿ayuda realmente una fuerza que no vemos ni controlamos?

Yo soy creyente. Creo en Dios. No voy a misa, no me gustan los curas, las monjas no me caen bien, pero entro en la iglesia de vez en cuando, me siento en un banco y hablo con Dios. Hablo de lo que me preocupa, de lo que quiero mejorar, doy las gracias por lo que tengo, por cómo soy, por lo que he conseguido, por tener a mi familia sana y unida. Y me siento mejor al salir. Me siento en paz, con otra energía.

No puedo asegurar que existe Dios porque no lo he visto físicamente, pero tampoco puede asegurarme nadie que no cree que no existe, porque tampoco nadie se lo ha demostrado.

Llámalo Dios, fuerza, ser...como quieras, pero respeta las creencias de los demás. Respeta que los que creemos en Dios nos guste hablar con él. Respeta que si nos va bien en la vida digamos "gracias a Dios".

He visto a deportistas de élite santiguarse antes de marcar un gol y mirar al cielo cuando consiguen un tanto o una copa.

He visto a estudiantes llevar estampas de santos a la hora de hacer un examen. 

He visto a gente que no es cristiana rezar cuando un familiar está en un hospital y agradecerle a Dios la curación. 

He visto a gente que asegura no ser cristiana hacer promesas a Dios porque se siente con el agua al cuello.

He visto y veo a mucha gente joven entrar en una iglesia y hablar con Dios, pedir, rezar, agradecer...

No sé si existirá Dios. Para mí sí porque me da lo que le pido, porque me reconforta, porque siento que me indica el camino y si no es así...oye, no me va nada mal tener esta religión y creer en Él. 

No intento y nunca lo he hecho convencer a nadie de lo que creo y en quién creo. Eso se descubre, eso te llama. Pero respeto a quien no lo hace, a quien tiene otras ideas, a quien cree en otras deidades. No me río, lo respeto. Porque si les va bien ¿significa que no existe su dios?

El mío para mí sí existe y espero que me acompañe y escuche siempre. 


martes, 16 de agosto de 2016

Qué sabrás tú...

Qué sabrás tú si te echo de menos o no...

Echo de menos tu sonrisa y tu risa . Nos reíamos de cosas sin sentido, de chistes malos, de situaciones absurdas que nos contábamos.

Echo de menos tus buenos días. Sonaba el sonido de un mensaje en el móvil y sabía que eras tú. Y ese mensaje deseándome los buenos días me daba la vida. Me duraba todo el día el momento de felicidad.

Echo de menos las fotos de las calles por dónde paseas, por dónde compras, por dónde vas...

Echo de menos esos atascos que provocaban acordarte de mí y decirme cualquier cosa, aunque fuera solo para quejarte de lo mal organizado que está el tráfico. Siguen habiendo atascos, pero ya no tienes nada que decirme.

Echo de menos tu foto en casa, sin peinar, sin vestir elegante, cómodo, relajado, sin prestar atención a la tele. Solo al teclado que nos conectaba a ti y a mí.

Echo de menos los sitios que decías que me llevarías. Cogerte de la mano y correr por Madrid.

Echo de menos tus problemas. Tus angustias que todavía tienes y no compartes conmigo. 

Echo de menos tu voz. Me gustaba tanto oírte...

Qué sabrás tú si te echo de menos o no, si no me preguntas, si no me hablas, si no quieres saber de mí...


viernes, 12 de agosto de 2016

Críticas vs Amor.

Hace unos días vi el vídeo que Risto Mejide le ha dedicado a su novia donde le declara su amor. Me parece precioso. Me gusta tanto que lo tengo en mi lista de favoritos. 

Me gusta el texto, la voz, la entonación, la música de fondo, las imágenes...

Pero he leído más críticas destructivas que constructivas. Son críticas que no aportan nada, en realidad me parece que critican por criticar, porque se trata de Risto. Ese hombre que daba una imagen de duro y frío y parece ser que gusta menos siendo sensible y romántico. 

Yendo más allá leo críticas sobre lo jovencísima que es su novia. Veinte años menor que él. Y qué. Qué pasa si un hombre le dobla la edad a una mujer, que ya es mayor de edad.

Los insultos hacia él son tan fuertes, tan feos que donde yo veo amor, hay gente que ve abusos. ¿Ha muerto el romanticismo? ¿No se puede enamorar de verdad un hombre de cuarenta y algo de años de una mujer de veinte y pocos? Claro que puede. Al menos yo creo que sí puede. 

En esta relación, él lleva la experiencia de muchas cosas vividas, muchos desengaños, desencuentros, frustraciones, miedos y temores superados. Ella lleva la juventud que empieza a descubrir cosas, los miedos nuevos, el creerte que la amistad es duradera y para siempre, el pensar que ese hombre será el que envejezca contigo, el vivir una historia de amor de película entre un hombre maduro y una chica que va a la universidad. Un "Perdona si te llamo amor" en Barcelona.

En caso de ruptura de la pareja, cosa que todos dan por hecho, ella será la que lo pase peor, verá todo su mundo destruido, sus sueños rotos, llorará y llorará y pensará que todos los hombres son iguales. Porque no tiene experiencia suficiente, no es dura ante una ruptura de un amor que ella habrá idealizado.

Él lo llevará mejor seguro. Se repondrá rápido. Ha tenido varias relaciones sentimentales, un divorcio, un hijo...sabrá reponerse mejor. 

Pero por qué hay que mirar al futuro. Lo que están viviendo ahora es precioso. Él dice estar enamorado. Ella también. Él le escribe cosas bonitas, le dedica miradas de hombre enamorado. Ella igual. 

¿Por qué tenemos que meternos en la diferencia de edad que hay entre los dos? ¿Por qué pensamos en cuando ella tenga 40 años y él 60? 

Podemos pensar que ahora son felices, que mañana quién sabe dónde estaremos todos. Que el amor es bonito sea a la edad que sea. Que hay hombres que escriben textos bonitos, que hay hombres que son capaces de enamorarse incluso sabiendo que lo van a maltratar con comentarios desafortunados.

Y ella, de un hombre así va a aprender mucho. Va a crecer como persona y si como dicen algunos de la mano de su pareja tendrá más facilidades para encontrar trabajo por ser él un hombre famoso, pues bien por ella. ¿Quién no aprovecharía esa fama? Yo sí.

Donde los demás ven un negocio, un montaje, yo veo una historia de amor.

Y si fuera un montaje no es nuestro problema, nuestro asunto. 

De todos modos, como publicista, Risto lo ha hecho muy bien. Se está hablando mucho de este tema y para bien o para mal es publicidad para la pareja.






viernes, 5 de agosto de 2016

¿Necesitamos que nos alimenten el ego?

No, no tengo nada que justificar. Nada que declarar. No voy a decir que cometo errores porque eso lo hacemos todo el mundo. Desde que nos levantamos. Cuando en el trabajo, con familiares o amigos, cometemos algún error pedimos disculpas. Si por la calle a algún extraño le damos un pisotón sin querer le pedimos disculpas. Pero no vamos con un cartel diciendo que somos conscientes de que no somos perfectos y que nos duele si alguien piensa que somos feos, altos, gordos, delgados o soberbios. 

He visto durante las últimas semanas vídeos de youtubers hablando precisamente de esto. Justificándose. Vídeos dirigidos a los haters que hay por ahí. Vídeos de chicas que tienen que jurar en público que no han pasado por el quirófano porque gente anónima les ha dicho que antes de la (supuesta) operación estaban más guapas. Chicas que tienen que explicar que por motivos de salud han engordado y han llorado cuando las han llamado gordas, chicas que tienen que explicar por qué ha roto su relación porque ya su pareja no sale en sus vídeos o no habla tanto de ella, chicas que tienen que disculparse porque marcas de cosmética y maquillaje las obsequian con productos que ellas prueban y recomiendan solo por dar a conocer tal marca, dar su opinión y no presumir del mencionado regalo, chicas que tienen que explicar por qué no se dedica a lo que estudió...y así tantas justificaciones, tantas explicaciones. 

Por qué. Por qué esas chicas tienen que hablarle a un público que no conoce y pedir perdón por ser como son. Por qué tienen que decir que lo han pasado mal con esos comentarios y que incluso han sopesado la posibilidad de cerrar el canal. Canal de Youtube que le gusta porque es su hobby. Por qué les duelen los descalificativos de gente que no conoce. Gente que en su casa, descarga una maldad y una ira contra alguien que graba un vídeo contado algo que le gusta. 

¿Debemos parar cada x tiempo y justificarnos? Si adelgazamos mucho, ¿tenemos que dar explicaciones a gente externa a nuestro círculo de por qué tenemos ese nuevo peso? Si engordamos ¿tenemos que decir a esa misma gente que seguimos sanos pero con el verano nos hemos pasado un poco? ¿Por qué? 

Es nuestra vida, nuestras decisiones, cambiamos físicamente y personalmente, cambiamos de pareja, tomamos decisiones que solo nos debería afectar a nosotros como también solo nos debería afectar las opiniones de nuestra familia. 

Por qué nos sentimos mal cuando alguien nos da una opinión negativa, por qué nos sentimos triunfadores cuando alguien nos dice algo positivo. ¿Necesitamos la aprobación constante para ser feliz? ¿Necesitamos ser perfectos para los ojos de los demás? Si los demás nos ven perfectos ¿creemos que lo somos? Si alguien nos critica ¿creemos en esa crítica? ¿Es falta de autoestima? ¿Necesitamos que nos alimenten el ego? 

¿Tenemos que vivir según la aprobación de los demás? ¿Hasta qué punto nos debe condicionar la opinión sobre nosotros mismos? 

A mí en realidad, los comentarios negativos escritos solo con el afán de hacer daño que se hagan en mi Instagram me dan igual, los que se hacen con el fin de dar un punto de vista para mejorar los acepto. 

Deberíamos tener en el interior un colador, que solo dejara pasar aquellas cosas dichas por personas que nos conoce de verdad, a las que les importamos, las que nos quieren, las que si nos hacen daño es porque quiere que mejoremos, no que lloremos.

Tenemos que aprender a ponernos el chubasquero y que nos resbalen opiniones de gente ajena a nuestra vida. 

Mi lema es "Vive y deja vivir". Al que le guste, bien y al que no que arree. 



sábado, 4 de junio de 2016

¿Subes? O te quedas.

Vas por la calle, alguna calle de una ciudad bonita, con encanto, con gente, con tiendas y con cuestas. Algunas cuestas. Y cuando estás abajo y miras hacia arriba dices "jo, qué cuesta, debe ser bueno subirla con ganas para poner el culo duro". Hazlo. Pero no solo para tener una parte trasera envidiable, sino para ver todo mejor desde arriba. Porque se ve todo mejor, te lo digo yo que he subido unas cuantas.

Y es que subir cuestas cuesta pero es muy gratificante. He subido varias, he bajado, he tardado en subirlas y me ha costado mucho. Pero cuando he estado arriba lo he disfrutado y el aire parece distinto. Lo de abajo, los problemas, los ves más pequeños.

A mí nadie me ha regalado nada. No tengo un apellido importante de los que abren puertas sin llamar ni de esos que llevan un guión entre un apellido y otro.

Cuando estaba en lo bajo de la cuesta, los escalones eran inmensos de grandes, lejanos y muy empinados. Tenía amistades que no me animaban a subir, que les parecía bien que estuviera así, que se quejaban de su situación que, aparentemente, era mejor que la mía.

Y decidí subir. Llevaba mucho tiempo en el escalón primero y yo quería llegar al último. Yo quería subir donde pensaba que estaban los demás, los felices, los que no tienen problemas, los que respiran un aire más limpio.

Primer escalón. Me costó mucho cambiar el pensamiento negativo al positivo. Cuando veía en las noticias lo mal que estaba todo, la precariedad laboral, la falta de oportunidades, la huida de personas a otros lugares, me decía a mí misma que yo lo iba a conseguir y empecé a soñar en otro lugar. En otra ciudad.  

En España hay sitios maravillosos para empezar otra vida. El primer escalón es el del desapego a tu zona de confort. A tu familia, a tus lugares de la niñez, a tus amistades. Súbelo, cuesta pero se consigue.

Conseguí cambiar de lugar de residencia después de mucho buscar. Me ilusioné buscando mi nueva casa, me ilusioné pensando en nueva gente a la que conocer, me ilusioné con las nuevas costumbres, las tradiciones, la forma de hablar que tendrían mis nuevos vecinos. 

Segundo escalón. Establecerme y adaptarme a la nueva vida. Seguía costando. Te verás solo o no. Te verás contigo. Pero todo es ilusionante. Planificar una búsqueda de trabajo, visitar nuevos museos y monumentos, hacerte con tu entorno, conocer los nuevos comercios que esperan a que entres. 

Tercer escalón. Conseguir olvidar a quienes no se han alegrado por ti. Olvidar las horas invertidas con personas que no te preguntan que tal llevas la cuesta, si quieres bajar del tercer escalón y volver al primero donde están ellos. Coge tu teléfono móvil y empieza a borrar números. Si no te necesitan a ti, tú a ellos tampoco. 

Cuarto escalón. Estudiar aquello que siempre quisiste. Hacer esos cursos por fin. Aprender.

Quinto escalón. Otro currículum entregado y hace el número ¿mil? Pero ese número es la llave que abre la puerta. Y te dan una oportunidad. Es tu trabajo. Y sin olvidar cuando estabas abajo estás muy orgulloso de los que estás consiguiendo con tu esfuerzo.

Sigues subiendo con más o menos esfuerzo. Se nota el cansancio en las piernas pero lo de arriba es tan apasionante que venga, subes un poco más. Te encuentras a gente por el camino, con ilusiones como tú, con alguna desilusión otras, gente descansando a la mitad tomándose un tiempo.

Último escalón de esta meta. De este sueño. Ha pasado el tiempo. Dos años desde que empezaste a subir y arriba los ves todo de otra manera. Estás a gusto. Te sientes grande, miras todo lo que has conseguido y todo gracias a tu esfuerzo, ilusión, tesón, optimismo. 

Y ten en cuenta que puedes bajar, claro que sí. De eso se trata. De tomar las metas como cuestas. Que habrá escalones interminables o que el cansancio no te deje avanzar de momento, pero si estás en el tercer escalón ya es algo. Si estás en el primero y quieres subir ya es un logro. Porque hay personas que no se fijan en las cuestas. Prefieren el camino llano, ver siempre lo mismo, no complicarse la vida, no prosperar.

Recuerda que lo bueno siempre está arriba. Si no, ¿por qué íbamos a subir a lo más alto de la Torre Eiffel, a un mirador, a un campanario, a una azotea de un rascacielos o miramos por la ventanilla de una avión?

Sube. Te cueste lo que te cueste. Merece la pena y el aire allí es maravilloso. 


Foto hecha por mí. Cuesta de San Agustín. Granada (España). 

sábado, 14 de mayo de 2016

Precios

¿Cuánto cuesta conquistar un corazón? ¿Cuánto cuesta enamorar a una persona? Me refiero a dinero, ¿es a fondo perdido? O se recupera de algún modo. La recompensa de esa inversión monetaria ¿es amor? ¿Se puede enamorar con dinero? 

Conozco al detalle la historia de amor de una pareja. Más bien sería la historia de amor de él hacia ella y en el caso de ella se trata más bien de conformismo. Él muy enamorado de ella, ha hecho de todo, hasta cambiar sus gustos culinarios. Si a ella no le gusta el pescado, él decide una mañana al levantarse que tampoco. Si a ella le gustan los hombres con personalidad, fuertes, interesantes y él bien en su complejo o en su fisonomía no reúne los puntos requeridos, nada, hace mucho deporte y se deja barba, que para algunos hombres parece ser que es sinónimo de personalidad. Y no le queda nada bien, pero por agradar...

Es romántico, atento, cariñoso...pero eso no sirve, ella necesita detalles que vengan en una caja minimalista con un gran lazo y que dentro haya algo carísimo que pueda fotografiar para colgarlo en Instagram para así recibir muchos corazoncitos y comentarios tipo "qué suerte tienes", "eso es un novio", "has debido de ser muy buena para que en tu cumple te regalen tantas cosas chulas"...

La proposición de matrimonio de él a ella fue que qué le diría si se presentara con un anillo de Cartier. Ella le dijo, "tráeme el Cartier y ya veremos". Qué triste me parece. Ponerle precio a la conquista, al enamoramiento, al sentir solo cosquillas por dentro si abre un regalo, a sentirse inferior si no lo abre. 

Ese hombre lleva años invirtiendo mucho dinero en conquistar un corazón cerrado al amor de él. Y así no se enamora a nadie, así no se consigue el amor. A golpe de tarjeta de crédito no llega el amor. 

Hay historias de amor que tienen un precio. Y debe ser frustrante pensar en qué comprar, qué regalar para que nos quieran, nos valoren, le guste estar con nosotros.

No sé lo que durará esa pareja ni me importa. Solo sé que a él le está costando mucho dinero llegar al corazón de una mujer que ya lo tiene ocupado por su gran amor del pasado. Porque los sentimientos que él tiene hacia ella no tienen precio. 

Con lo bonito que es conquistar a alguien por la forma de ser, la personalidad, por saber tratar a la otra persona, por lo que eres y no por las cosas materiales que puedas ofrecer...