viernes, 12 de agosto de 2016

Críticas vs Amor.

Hace unos días vi el vídeo que Risto Mejide le ha dedicado a su novia donde le declara su amor. Me parece precioso. Me gusta tanto que lo tengo en mi lista de favoritos. 

Me gusta el texto, la voz, la entonación, la música de fondo, las imágenes...

Pero he leído más críticas destructivas que constructivas. Son críticas que no aportan nada, en realidad me parece que critican por criticar, porque se trata de Risto. Ese hombre que daba una imagen de duro y frío y parece ser que gusta menos siendo sensible y romántico. 

Yendo más allá leo críticas sobre lo jovencísima que es su novia. Veinte años menor que él. Y qué. Qué pasa si un hombre le dobla la edad a una mujer, que ya es mayor de edad.

Los insultos hacia él son tan fuertes, tan feos que donde yo veo amor, hay gente que ve abusos. ¿Ha muerto el romanticismo? ¿No se puede enamorar de verdad un hombre de cuarenta y algo de años de una mujer de veinte y pocos? Claro que puede. Al menos yo creo que sí puede. 

En esta relación, él lleva la experiencia de muchas cosas vividas, muchos desengaños, desencuentros, frustraciones, miedos y temores superados. Ella lleva la juventud que empieza a descubrir cosas, los miedos nuevos, el creerte que la amistad es duradera y para siempre, el pensar que ese hombre será el que envejezca contigo, el vivir una historia de amor de película entre un hombre maduro y una chica que va a la universidad. Un "Perdona si te llamo amor" en Barcelona.

En caso de ruptura de la pareja, cosa que todos dan por hecho, ella será la que lo pase peor, verá todo su mundo destruido, sus sueños rotos, llorará y llorará y pensará que todos los hombres son iguales. Porque no tiene experiencia suficiente, no es dura ante una ruptura de un amor que ella habrá idealizado.

Él lo llevará mejor seguro. Se repondrá rápido. Ha tenido varias relaciones sentimentales, un divorcio, un hijo...sabrá reponerse mejor. 

Pero por qué hay que mirar al futuro. Lo que están viviendo ahora es precioso. Él dice estar enamorado. Ella también. Él le escribe cosas bonitas, le dedica miradas de hombre enamorado. Ella igual. 

¿Por qué tenemos que meternos en la diferencia de edad que hay entre los dos? ¿Por qué pensamos en cuando ella tenga 40 años y él 60? 

Podemos pensar que ahora son felices, que mañana quién sabe dónde estaremos todos. Que el amor es bonito sea a la edad que sea. Que hay hombres que escriben textos bonitos, que hay hombres que son capaces de enamorarse incluso sabiendo que lo van a maltratar con comentarios desafortunados.

Y ella, de un hombre así va a aprender mucho. Va a crecer como persona y si como dicen algunos de la mano de su pareja tendrá más facilidades para encontrar trabajo por ser él un hombre famoso, pues bien por ella. ¿Quién no aprovecharía esa fama? Yo sí.

Donde los demás ven un negocio, un montaje, yo veo una historia de amor.

Y si fuera un montaje no es nuestro problema, nuestro asunto. 

De todos modos, como publicista, Risto lo ha hecho muy bien. Se está hablando mucho de este tema y para bien o para mal es publicidad para la pareja.






viernes, 5 de agosto de 2016

¿Necesitamos que nos alimenten el ego?

No, no tengo nada que justificar. Nada que declarar. No voy a decir que cometo errores porque eso lo hacemos todo el mundo. Desde que nos levantamos. Cuando en el trabajo, con familiares o amigos, cometemos algún error pedimos disculpas. Si por la calle a algún extraño le damos un pisotón sin querer le pedimos disculpas. Pero no vamos con un cartel diciendo que somos conscientes de que no somos perfectos y que nos duele si alguien piensa que somos feos, altos, gordos, delgados o soberbios. 

He visto durante las últimas semanas vídeos de youtubers hablando precisamente de esto. Justificándose. Vídeos dirigidos a los haters que hay por ahí. Vídeos de chicas que tienen que jurar en público que no han pasado por el quirófano porque gente anónima les ha dicho que antes de la (supuesta) operación estaban más guapas. Chicas que tienen que explicar que por motivos de salud han engordado y han llorado cuando las han llamado gordas, chicas que tienen que explicar por qué ha roto su relación porque ya su pareja no sale en sus vídeos o no habla tanto de ella, chicas que tienen que disculparse porque marcas de cosmética y maquillaje las obsequian con productos que ellas prueban y recomiendan solo por dar a conocer tal marca, dar su opinión y no presumir del mencionado regalo, chicas que tienen que explicar por qué no se dedica a lo que estudió...y así tantas justificaciones, tantas explicaciones. 

Por qué. Por qué esas chicas tienen que hablarle a un público que no conoce y pedir perdón por ser como son. Por qué tienen que decir que lo han pasado mal con esos comentarios y que incluso han sopesado la posibilidad de cerrar el canal. Canal de Youtube que le gusta porque es su hobby. Por qué les duelen los descalificativos de gente que no conoce. Gente que en su casa, descarga una maldad y una ira contra alguien que graba un vídeo contado algo que le gusta. 

¿Debemos parar cada x tiempo y justificarnos? Si adelgazamos mucho, ¿tenemos que dar explicaciones a gente externa a nuestro círculo de por qué tenemos ese nuevo peso? Si engordamos ¿tenemos que decir a esa misma gente que seguimos sanos pero con el verano nos hemos pasado un poco? ¿Por qué? 

Es nuestra vida, nuestras decisiones, cambiamos físicamente y personalmente, cambiamos de pareja, tomamos decisiones que solo nos debería afectar a nosotros como también solo nos debería afectar las opiniones de nuestra familia. 

Por qué nos sentimos mal cuando alguien nos da una opinión negativa, por qué nos sentimos triunfadores cuando alguien nos dice algo positivo. ¿Necesitamos la aprobación constante para ser feliz? ¿Necesitamos ser perfectos para los ojos de los demás? Si los demás nos ven perfectos ¿creemos que lo somos? Si alguien nos critica ¿creemos en esa crítica? ¿Es falta de autoestima? ¿Necesitamos que nos alimenten el ego? 

¿Tenemos que vivir según la aprobación de los demás? ¿Hasta qué punto nos debe condicionar la opinión sobre nosotros mismos? 

A mí en realidad, los comentarios negativos escritos solo con el afán de hacer daño que se hagan en mi Instagram me dan igual, los que se hacen con el fin de dar un punto de vista para mejorar los acepto. 

Deberíamos tener en el interior un colador, que solo dejara pasar aquellas cosas dichas por personas que nos conoce de verdad, a las que les importamos, las que nos quieren, las que si nos hacen daño es porque quiere que mejoremos, no que lloremos.

Tenemos que aprender a ponernos el chubasquero y que nos resbalen opiniones de gente ajena a nuestra vida. 

Mi lema es "Vive y deja vivir". Al que le guste, bien y al que no que arree. 



sábado, 4 de junio de 2016

¿Subes? O te quedas.

Vas por la calle, alguna calle de una ciudad bonita, con encanto, con gente, con tiendas y con cuestas. Algunas cuestas. Y cuando estás abajo y miras hacia arriba dices "jo, qué cuesta, debe ser bueno subirla con ganas para poner el culo duro". Hazlo. Pero no solo para tener una parte trasera envidiable, sino para ver todo mejor desde arriba. Porque se ve todo mejor, te lo digo yo que he subido unas cuantas.

Y es que subir cuestas cuesta pero es muy gratificante. He subido varias, he bajado, he tardado en subirlas y me ha costado mucho. Pero cuando he estado arriba lo he disfrutado y el aire parece distinto. Lo de abajo, los problemas, los ves más pequeños.

A mí nadie me ha regalado nada. No tengo un apellido importante de los que abren puertas sin llamar ni de esos que llevan un guión entre un apellido y otro.

Cuando estaba en lo bajo de la cuesta, los escalones eran inmensos de grandes, lejanos y muy empinados. Tenía amistades que no me animaban a subir, que les parecía bien que estuviera así, que se quejaban de su situación que, aparentemente, era mejor que la mía.

Y decidí subir. Llevaba mucho tiempo en el escalón primero y yo quería llegar al último. Yo quería subir donde pensaba que estaban los demás, los felices, los que no tienen problemas, los que respiran un aire más limpio.

Primer escalón. Me costó mucho cambiar el pensamiento negativo al positivo. Cuando veía en las noticias lo mal que estaba todo, la precariedad laboral, la falta de oportunidades, la huida de personas a otros lugares, me decía a mí misma que yo lo iba a conseguir y empecé a soñar en otro lugar. En otra ciudad.  

En España hay sitios maravillosos para empezar otra vida. El primer escalón es el del desapego a tu zona de confort. A tu familia, a tus lugares de la niñez, a tus amistades. Súbelo, cuesta pero se consigue.

Conseguí cambiar de lugar de residencia después de mucho buscar. Me ilusioné buscando mi nueva casa, me ilusioné pensando en nueva gente a la que conocer, me ilusioné con las nuevas costumbres, las tradiciones, la forma de hablar que tendrían mis nuevos vecinos. 

Segundo escalón. Establecerme y adaptarme a la nueva vida. Seguía costando. Te verás solo o no. Te verás contigo. Pero todo es ilusionante. Planificar una búsqueda de trabajo, visitar nuevos museos y monumentos, hacerte con tu entorno, conocer los nuevos comercios que esperan a que entres. 

Tercer escalón. Conseguir olvidar a quienes no se han alegrado por ti. Olvidar las horas invertidas con personas que no te preguntan que tal llevas la cuesta, si quieres bajar del tercer escalón y volver al primero donde están ellos. Coge tu teléfono móvil y empieza a borrar números. Si no te necesitan a ti, tú a ellos tampoco. 

Cuarto escalón. Estudiar aquello que siempre quisiste. Hacer esos cursos por fin. Aprender.

Quinto escalón. Otro currículum entregado y hace el número ¿mil? Pero ese número es la llave que abre la puerta. Y te dan una oportunidad. Es tu trabajo. Y sin olvidar cuando estabas abajo estás muy orgulloso de los que estás consiguiendo con tu esfuerzo.

Sigues subiendo con más o menos esfuerzo. Se nota el cansancio en las piernas pero lo de arriba es tan apasionante que venga, subes un poco más. Te encuentras a gente por el camino, con ilusiones como tú, con alguna desilusión otras, gente descansando a la mitad tomándose un tiempo.

Último escalón de esta meta. De este sueño. Ha pasado el tiempo. Dos años desde que empezaste a subir y arriba los ves todo de otra manera. Estás a gusto. Te sientes grande, miras todo lo que has conseguido y todo gracias a tu esfuerzo, ilusión, tesón, optimismo. 

Y ten en cuenta que puedes bajar, claro que sí. De eso se trata. De tomar las metas como cuestas. Que habrá escalones interminables o que el cansancio no te deje avanzar de momento, pero si estás en el tercer escalón ya es algo. Si estás en el primero y quieres subir ya es un logro. Porque hay personas que no se fijan en las cuestas. Prefieren el camino llano, ver siempre lo mismo, no complicarse la vida, no prosperar.

Recuerda que lo bueno siempre está arriba. Si no, ¿por qué íbamos a subir a lo más alto de la Torre Eiffel, a un mirador, a un campanario, a una azotea de un rascacielos o miramos por la ventanilla de una avión?

Sube. Te cueste lo que te cueste. Merece la pena y el aire allí es maravilloso. 


Foto hecha por mí. Cuesta de San Agustín. Granada (España). 

sábado, 14 de mayo de 2016

Precios

¿Cuánto cuesta conquistar un corazón? ¿Cuánto cuesta enamorar a una persona? Me refiero a dinero, ¿es a fondo perdido? O se recupera de algún modo. La recompensa de esa inversión monetaria ¿es amor? ¿Se puede enamorar con dinero? 

Conozco al detalle la historia de amor de una pareja. Más bien sería la historia de amor de él hacia ella y en el caso de ella se trata más bien de conformismo. Él muy enamorado de ella, ha hecho de todo, hasta cambiar sus gustos culinarios. Si a ella no le gusta el pescado, él decide una mañana al levantarse que tampoco. Si a ella le gustan los hombres con personalidad, fuertes, interesantes y él bien en su complejo o en su fisonomía no reúne los puntos requeridos, nada, hace mucho deporte y se deja barba, que para algunos hombres parece ser que es sinónimo de personalidad. Y no le queda nada bien, pero por agradar...

Es romántico, atento, cariñoso...pero eso no sirve, ella necesita detalles que vengan en una caja minimalista con un gran lazo y que dentro haya algo carísimo que pueda fotografiar para colgarlo en Instagram para así recibir muchos corazoncitos y comentarios tipo "qué suerte tienes", "eso es un novio", "has debido de ser muy buena para que en tu cumple te regalen tantas cosas chulas"...

La proposición de matrimonio de él a ella fue que qué le diría si se presentara con un anillo de Cartier. Ella le dijo, "tráeme el Cartier y ya veremos". Qué triste me parece. Ponerle precio a la conquista, al enamoramiento, al sentir solo cosquillas por dentro si abre un regalo, a sentirse inferior si no lo abre. 

Ese hombre lleva años invirtiendo mucho dinero en conquistar un corazón cerrado al amor de él. Y así no se enamora a nadie, así no se consigue el amor. A golpe de tarjeta de crédito no llega el amor. 

Hay historias de amor que tienen un precio. Y debe ser frustrante pensar en qué comprar, qué regalar para que nos quieran, nos valoren, le guste estar con nosotros.

No sé lo que durará esa pareja ni me importa. Solo sé que a él le está costando mucho dinero llegar al corazón de una mujer que ya lo tiene ocupado por su gran amor del pasado. Porque los sentimientos que él tiene hacia ella no tienen precio. 

Con lo bonito que es conquistar a alguien por la forma de ser, la personalidad, por saber tratar a la otra persona, por lo que eres y no por las cosas materiales que puedas ofrecer...








viernes, 22 de abril de 2016

Gente

Gente que un día me llamaron para comer.
Gente que me regalaba cosas por mi cumpleaños.
Gente que quería estar conmigo. Para siempre decían.
Gente que me tuvo cuando más me necesitaba.
Gente que prometía cosas.
Gente que me contaba sus cosas. Y sin yo quererlo me pedía consejo. O una opinión.
Gente que me quería.
Gente que me utilizó.
Gente que se reía de mí.
Gente que me envidiaba. Y a día de hoy me sigue envidiando.
Gente que compartió conmigo un viaje. Y muchas fotos.
Gente que envía mensajes para saber cómo estoy. Si soy o no feliz. Y luego desaparecen.
Gente que no aparece jamás.
Gente que yo no quiero que aparezcan jamás.
Gente que en las redes sociales sigue mi vida. Y mira mis fotos. Y se ríe porque no soporta lo que en realidad siente.
Gente que no se atreve a pedir perdón.
Gente que perdió mucho en el pasado.
Gente que no valora la amistad verdadera.
Gente que llena su vida con cosas materiales porque está vacía de amor.
Gente que desea estar en mi lugar. Sin saber a veces lo defraudada que me siento.
Gente que con una sonrisa lo cambia todo.
Gente que...
Gente.
Gente.
Gente que dejaron de ser personas para convertirse en eso. En gente. 




Fotos: Internet.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Ventajas

He leído un post de una chica donde nos cuenta las ventajas de vivir sola cuando eres soltera. El post me ha parecido divertidísimo e incluso si te pones en el lado de las solteras puedes incluso sentir hasta algo de envidia por la vida maravillosa que lleva con su soltería. Ella de relaciones matrimoniales sabe porque estuvo casada y ahora, divorciada, está disfrutando de su soledad.

A mí la soledad me gusta pero cuando yo la elijo. Cuando necesito estar sola lo estoy y mi marido no me impide disfrutar de ese momento. Al igual que yo a él.

A mí me gusta la vida en pareja. Me gusta llegar a casa después de un día de trabajo y contarle a mi marido cómo me ha ido el día, que he hecho bien, que cosa no me ha salido como quería, lo que tengo que hacer mañana, preparar la cena, ver una película, planear el fin de semana...

La chica contaba que una de las ventajas de vivir sola era leer por la noche en la cama. Yo lo hago cuando quiero y no molesto a mi marido si duerme. Contaba la ventaja de no dar explicaciones si sales un viernes y llegas un domingo. No tengo ya esa necesidad. Pasó para mí esa época.

Puedo salir con mis amigas porque necesitamos reunirnos y hablar de cosas que no les importan a los hombres. O porque simplemente necesitamos ese tiempo para nosotras.

Hablaba con un amigo el otro día, soltero, lleva mucho tiempo solo y me decía que se ha acostumbrado a su manera de vivir, a tenerlo todo como le gusta y le costaría trabajo el convivir con otra persona que le desordenara su mundo, sus costumbres, sus manías...pero echa de menos el calor de una mujer. Muchas veces la soledad le puede, el silencio le agobia, sus ganas de compartir son muchas y no tiene con quien hacerlo. 

Entonces, esto me lleva a pensar que sí, que está muy bien vivir sola, probar la independencia, cuidarte a ti misma, vivir para ti, poner en la tv lo que te gusta, encender y apagar la radio cuando te apetece, comprar la comida que te de la gana y comerla cuando tengas ganas, pero compartir lo bueno y lo malo con otra persona es maravilloso. Y en mi caso, muy necesario también. 

Y no es que sola no sepa estar, que necesite apoyarme en alguien, que no sepa seguir adelante si no es con alguien al lado, no, es que me gusta compartir mi vida con otra persona, me gusta tener a alguien que me levante cuando me caigo, que me haga reír cuando estoy triste, que me diga que todo va a ir bien cuando paso por una mala racha, que me diga "venga, un paso más" cuando quiera abandonarlo todo.

La vida de soltera es muy bonita y muy chula, pero para mí, la vida en pareja es maravillosa.




Fotos:Pinterest

lunes, 4 de enero de 2016

Propósitos

La palabra más leída y escuchada antes de que finalizara 2015 fue "propósitos". Pequeñas o grandes metas que nos ponemos cuando comenzamos un nuevo año. Bueno, no me incluyo en ese grupo porque yo no me propongo nada en especial. Para mí siempre hay algo que alcanzar, mejorar, superar, olvidar...

No tengo que proponérmelo, es algo que siempre está ahí. Y no espero a empezar un nuevo año. Ya el comienzo de un mes nuevo podría servirnos para ese momento en el que decimos "no pasa de aquí que no haga esto o lo otro".

Deberíamos hacer esos propósitos a corto plazo. Por ejemplo propósitos semanales, mensuales, trimestrales, pero los anuales me dan pereza. Porque al tener un año completo para hacerlos no nos ponemos a ello. Lo vamos dejando y cuando termina el año empezamos el siguiente con los mismos propósitos que el año anterior.

Además, a mí me crea mucha ansiedad eso de hacer una lista con todo lo que quiero cumplir en un año. Eso de darme cuenta de todo lo que me gustaría hacer y que todavía no he hecho me frustra. Prefiero el desarrollar una actividad cuando me apetezca empezarla. Estudiar cuando realmente tenga ganas. Ir al gimnasio porque verdaderamente me funciona mejor para el cerebro que para mi físico, leer el número de libros que me apetezcan y cuando me apetezcan...

Lo que sí he dejado en el año pasado ha sido a esas personas tóxicas. Esa gente que no aporta nada. Para ese tipo de personas sí les doy el año porque todos nos podemos equivocar. Un año me parece suficiente tiempo para recapacitar, pedir perdón, echar de menos incluso. 

He dejado a esas personas ahí, olvidadas en 2015. Y borradas de mi móvil y de mis redes sociales. Sus fotos archivadas y los recuerdos sin ser recordados.

Y así he empezado 2016 sin más lista de propósitos que hacer lo que me apetezca cuando realmente me apetezca, aportando ganas e ilusión. Da igual que sea una lista de dos cosas o de mil. Lo importante es mirar atrás cuando termine este año y decir "ha sido un año con sus cosas buenas y sus cosas regulares, pero he sido feliz y puedo contarlo".